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Como os decíamos la semana pasada, el ejercicio físico no solo ayuda a mantener nuestro cuerpo activo, sino que también puede ser un gran aliado para cuidar nuestro cerebro.

No hace falta convertirse en un atleta ni realizar entrenamientos complicados. Lo importante es mantenernos activos de forma regular y encontrar actividades que se adapten a nuestras capacidades y que, sobre todo, disfrutemos.

Por eso, hoy queremos compartir con vosotros 5 formas sencillas de hacer ejercicio y cuidar, al mismo tiempo, nuestra salud cardiovascular y cerebral:

1. Caminar
Uno de los ejercicios más sencillos y accesibles. Un paseo a buen ritmo puede ayudarnos a mantenernos activos y mejorar nuestra capacidad cardiovascular.

 2. Bailar
Porque hacer ejercicio también puede ser divertido. Bailar nos ayuda a mover el cuerpo, trabajar la coordinación y seguir ritmos y movimientos. ¡Una combinación perfecta para cuerpo y mente!

3. Nadar
Un ejercicio muy completo que trabaja buena parte de la musculatura y mejora la resistencia cardiovascular, además de tener un bajo impacto sobre las articulaciones. Y ahora con buen tiempo es más fácil coger la rutina de nadar dos ve3ces por semana

 4. Montar en bicicleta
Al aire libre o en bicicleta estática, pedalear es una estupenda manera de activar el corazón, trabajar las piernas y mantener una buena condición física.

 5. Ejercicios de fuerza
Porque cuidar nuestro cerebro también implica cuidar nuestra autonomía. Trabajar la fuerza; más aún a partir de los 50, ayuda a mantener la masa muscular, mejorar el equilibrio y conservar nuestra capacidad para realizar las actividades de la vida diaria.

Y, como os decíamos la semana pasada, no se trata de hacer mucho, sino de mantenerse en movimiento. ¡Cada paseo, cada baile, cada brazada, cada pedalada suma!

 

Fisioterapia Alzheimer

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Viernes, 28 Agosto 2026 15:20

EJERCICIO PARA PREVENIR EL ALZHEIMER

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Siempre os hablamos de la importancia del ejercicio físico en la lucha contra el Alzheimer y de lo fundamental que es para mantener a raya el deterioro físico.

Pero… ¿y si os dijéramos que el ejercicio no solo nos ayuda cuando la enfermedad ya está presente, sino que también puede ser un gran aliado para prevenirla o retrasar su aparición?

Para entender por qué, primero tenemos que hablar de los factores de riesgo del Alzheimer.

Algunos de ellos no podemos modificarlos, como la edad o la genética. Pero otros sí están en nuestras manos. Entre ellos encontramos la hipertensión arterial, la diabetes, el colesterol elevado, el tabaquismo, la obesidad y una mala calidad del sueño.

Y aquí está la clave: muchos de estos factores están estrechamente relacionados con nuestro estilo de vida y nuestra salud cardiovascular, porque lo que es bueno para nuestro corazón también lo es para nuestro cerebro.

Cuando hacemos ejercicio de forma regular, ayudamos a mantener una buena salud cardiovascular, controlamos mejor la tensión arterial, favorecemos un peso saludable y mejoramos el metabolismo. Y todo ello contribuye a crear un entorno más favorable para que nuestro cerebro se mantenga sano durante más tiempo.

Por eso, cuando hablamos de prevención del Alzheimer, movernos también es una forma de cuidar nuestro cerebro.

Aquí siempre decimos: «Quien mueve las piernas, mueve el corazón».

Y si un corazón sano ayuda a mantener un cerebro sano…

por esa regla de tres, quien mueve las piernas, aleja el olvido. 

Así que no hace falta convertirse en un atleta, realizar ejercicio aeróbico al menos 30 minutos, como caminar, bailar, nadar, montar en bicicleta o simplemente mantenerse activos cada día puede marcar la diferencia.

Porque cada paso que damos no solo fortalece nuestras piernas, también puede ser un paso para cuidar nuestro cerebro.

 

Fisioterapia Alzheimer

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Hay recetas que empiezan mucho antes de entrar en la cocina, esta empezó en nuestro huerto, con un árbol lleno de melocotones y unas manos dispuestas a recogerlos.

 

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Los fuimos cogiendo uno a uno, mirando su color, sintiendo su aroma y disfrutando de algo tan sencillo y tan especial como recoger lo que la tierra nos regala.

 

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Y después llegó la cocina. Pelamos y cortamos los melocotones con calma, compartiendo conversaciones, sonrisas y, seguramente, algún que otro recuerdo de aquellos veranos en los que las frutas maduraban al sol y las cocinas olían a casa, porque a veces un melocotón no es solamente un melocotón… puede ser aquel verano de la infancia, el árbol del patio de casa, la cocina de una madre, el olor de la fruta recién recogida, una tarde de agosto.

 

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Cocinar no es solamente preparar un alimento, es tocar, oler, saborear, participar, es recuperar gestos conocidos, es encontrarnos con recuerdos que estaban escondidos en algún rincón de la memoria.

 

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Y así, entre manos, aromas, sabores y recuerdos, nuestros melocotones terminaron convertidos en una receta hecha con mucho más que ingredientes.

 

Ingredientes

  • Melocotones de nuestro huerto
  • Agua
  • Azúcar (por cada 2 medidas de agua, 1 de azúcar)
  • La piel de un limón
  • Y un poquito de cariño

Elaboración

  1. Lavamos bien los melocotones y los pelamos.
  2. Los cortamos por la mitad
  3. Preparamos el almíbar calentando agua, la piel del limón y azúcar hasta que esta se disuelva.
  4. Incorporamos los melocotones y los dejamos cocer a fuego suave hasta que estén tiernos, pero sin que lleguen a deshacerse.
  5. Dejamos enfriar , reposar mínimo un día y… ¡listos y a disfrutar!

 

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AFA TIERRA DE BARROS

 

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Viernes, 21 Agosto 2026 14:12

NUTRE TU CEREBRO, CUIDA TU FUTURO

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El otro día hablábamos de lo beneficioso que puede resultar el consumo de huevos para nuestra salud cerebral (Huevos y salud cerebral: una posible alianza contra el Alzheimer), y es que el estudio en el que se basa esta afirmación es realmente interesante. Pone de manifiesto algo que cada vez conocemos mejor: la importancia que tiene la alimentación como herramienta para cuidar nuestra salud cerebral.

Pero… ¿podemos decir que comer bien evita el Alzheimer?

La respuesta es clara: NO.

 

El Alzheimer es una enfermedad multifactorial en la que intervienen factores genéticos, biológicos y ambientales. No existe un alimento milagroso que, por sí solo, pueda impedir que una persona desarrolle la enfermedad.

Ni el huevo, ni el aceite de oliva, ni los frutos secos, ni los arándanos, por separado, van a evitar el Alzheimer.

Lo realmente importante es el patrón alimentario en su conjunto: una alimentación variada y equilibrada que aporte nutrientes que pueden resultar beneficiosos para el funcionamiento y la salud del cerebro.

Entre ellos encontramos algunos especialmente interesantes, como la colina, la luteína y la zeaxantina.

 

? La colina

La colina participa en la producción de acetilcolina, un neurotransmisor fundamental para diferentes procesos relacionados con:

  • la memoria,
  • el aprendizaje,
  • la atención,
  • y la comunicación entre las neuronas.

Además, interviene en la formación de fosfatidilcolina, un componente importante de las membranas de nuestras células, incluidas las neuronas.

Esto resulta especialmente interesante desde el punto de vista de la salud cerebral, ya que en la enfermedad de Alzheimer se producen, entre otras alteraciones, cambios importantes en los sistemas de neurotransmisión relacionados con la memoria y otras funciones cognitivas.

 

? Luteína y zeaxantina

La luteína y la zeaxantina son carotenoides presentes en numerosos alimentos, especialmente en verduras y también en la yema del huevo.

Estos compuestos pueden acumularse en determinados tejidos, incluido el cerebro, y se han relacionado con el funcionamiento cognitivo y con mecanismos relacionados con la protección frente al estrés oxidativo.

Y aquí nos encontramos con dos de los grandes protagonistas de muchas investigaciones sobre el envejecimiento cerebral:

estrés oxidativo + inflamación + daño neuronal.

Por eso, una alimentación que aporte diferentes nutrientes con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias puede formar parte de una estrategia global para cuidar nuestra salud cerebral.

Porque comer sano no es solamente cuidar el corazón, mantener un peso saludable o controlar el colesterol. También es cuidar nuestro cerebro.

Y lo mejor es que no necesitamos alimentos exóticos ni suplementos caros.

Un alimento tan cotidiano como un simple huevo contiene nutrientes interesantes para nuestro organismo y también para nuestro cerebro.

Pero no se trata de comer un huevo pensando que así vamos a evitar el Alzheimer.

 

Se trata de algo mucho más sencillo y, probablemente, mucho más importante:

Alimentarnos bien cada día.

Porque nuestro cerebro también se alimenta de nuestras decisiones.

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El vendaje neuromuscular se ha convertido en una herramienta muy utilizada en fisioterapia por su facilidad de aplicación, su comodidad para el paciente y la gran variedad de situaciones clínicas en las que puede aportar beneficios. Gracias a sus propiedades elásticas, permite actuar sobre músculos, tendones, ligamentos y tejido subcutáneo sin limitar el movimiento, por lo que el paciente puede continuar realizando sus actividades diarias y los ejercicios pautados durante el tratamiento.

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Jueves, 23 Julio 2026 10:39

CUIDA TUS OJOS EN VERANO

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¡Ya ni recordamos cuantas olas de calor llevamos! después de tantos días de calor extremo y con los aires acondicionados a tope, no podemos evitar acordarnos de unos sufridores silenciosos…nuestros ojos.

Hoy os rescatamos un post del año pasado donde os explicamos paso a paso como realizar un masaje para reducir la sequedad que nos vendrá muy bien en más de una ocasión:

https://alzheimertierradebarros.es/index.php/component/k2/1-noticias-de-alzheimer/3288-masaje-palpebral

 

Fisioterapia Alzheimer

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La semana pasada hablábamos de los beneficios de realizar ejercicio en el agua, no solo para las articulaciones, sino también para la circulación. Gran parte de estos efectos se deben a una propiedad física del agua llamada presión hidrostática. Pero, ¿qué significa exactamente? Pero antes de conocer el mecanismo de acción vamos a explicar por qué se produce la hinchazón en las piernas.

El edema aparece cuando se acumula un exceso de líquido en el espacio situado entre las células, conocido como espacio intersticial. En los miembros inferiores suele estar relacionado con varios factores:

  • Insuficiencia venosa, cuando las venas tienen dificultades para devolver la sangre al corazón.
  • Alteraciones del sistema linfático, que reducen la capacidad de drenaje de líquidos.
  • Permanecer largos periodos sentado o de pie, favoreciendo que la gravedad acumule líquidos en tobillos y piernas.
  • Disminución de la movilidad, frecuente en personas mayores o con determinadas patologías.

¿Cómo ayuda el agua?

Cuando una persona se sumerge hasta la cintura o el pecho, el agua ejerce una compresión uniforme sobre los tejidos. Esta presión aumenta progresivamente con la profundidad, de modo que los pies y los tobillos reciben una presión mayor que las rodillas, y esta mayor que los muslos.

Esta presión genera una serie de efectos fisiológicos muy beneficiosos.

1. Favorece el retorno venoso

Las venas son las encargadas de transportar la sangre de vuelta al corazón y necesitan ayuda para vencer la gravedad, especialmente en las piernas.

La presión del agua favorece el vaciado de las venas superficiales, mejora el funcionamiento de las válvulas venosas y aumenta la velocidad del flujo sanguíneo hacia el corazón.

Dicho de forma sencilla, el agua ayuda a "empujar" la sangre desde las piernas hacia arriba, reduciendo la sensación de pesadez y favoreciendo una mejor circulación.

2. Facilita el drenaje linfático

El sistema linfático se encarga de recoger el exceso de líquido que se acumula entre los tejidos. La compresión hidrostática favorece que este líquido vuelva a incorporarse a los vasos linfáticos, facilitando su transporte y eliminación.

Por este motivo, muchas personas perciben una disminución de la hinchazón en tobillos y piernas después de una sesión de ejercicio acuático.

3. Reduce la formación de edema

La presión ejercida por el agua también modifica el equilibrio de fuerzas que regulan el intercambio de líquidos entre los capilares sanguíneos y los tejidos.

Este fenómeno se explica mediante la denominada ley de Starling, que describe cómo el movimiento de líquidos depende de la diferencia entre las presiones que empujan el líquido hacia fuera de los capilares y las que favorecen su reabsorción.

Al aumentar la presión externa sobre los tejidos, el agua dificulta la salida de líquido desde los capilares hacia el espacio intersticial y favorece su retorno al sistema circulatorio. Como consecuencia, se acumula menos líquido en los tejidos mientras permanecemos sumergidos.

4. Potencia la acción de la bomba muscular

Si además caminamos o realizamos ejercicios dentro del agua, los músculos de las pantorrillas actúan como una auténtica "bomba muscular".

Cada contracción de los gemelos comprime las venas profundas e impulsa la sangre hacia el corazón. Cuando esta acción muscular se combina con la compresión uniforme que ejerce el agua, ambos mecanismos se potencian mutuamente, mejorando de forma muy eficaz el retorno venoso y linfático.

Mucho más que ejercicio

Por todo ello, las actividades acuáticas constituyen una herramienta terapéutica de gran valor para personas con insuficiencia venosa, tendencia al edema, movilidad reducida o simplemente para quienes buscan una forma segura y eficaz de mantenerse activos durante los meses más calurosos.

A veces, algo tan sencillo como caminar dentro de una piscina puede convertirse en una auténtica sesión de fisioterapia para nuestras piernas.

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Con la llegada del verano, la piscina y el mar se convierten en escenarios ideales para mantener una vida activa. La gimnasia acuática es una de las actividades físicas más recomendables para las personas mayores, ya que permite trabajar la fuerza, el equilibrio, la movilidad y la capacidad cardiovascular con un impacto mínimo sobre las articulaciones.

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Cada verano parece más intenso que el anterior. Este año volvemos a escuchar hablar del famoso "domo de calor", un término meteorológico que hace referencia a una masa de aire caliente que queda atrapada sobre una zona durante varios días, provocando temperaturas excepcionalmente elevadas. En la práctica, todos lo traducimos igual: ¡hace muchísimo calor!

Y si nosotros lo notamos, las personas mayores y quienes padecen enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer, lo sufren todavía más.

Uno de los problemas más frecuentes durante esta época es la hinchazón de piernas y pies, una molestia que no solo genera pesadez y cansancio, sino que también puede dificultar la movilidad y aumentar el riesgo de caídas.

¿Por qué se hinchan las piernas con el calor?

Las altas temperaturas producen vasodilatación periférica, es decir, las venas aumentan su diámetro para favorecer la pérdida de calor corporal. Sin embargo, esta dilatación también disminuye la eficacia del retorno venoso, dificultando que la sangre vuelva desde las piernas hasta el corazón.

Como consecuencia, aumenta la presión dentro de los pequeños vasos sanguíneos y parte del líquido se filtra hacia los tejidos, produciendo el conocido edema en los miembros inferiores.

A este fenómeno se suman otros factores habituales durante el verano:

  • Caminamos menos y pasamos más tiempo sentados o tumbados para refugiarnos del calor.
  • Disminuye la acción de la llamada "bomba muscular" de la pantorrilla, fundamental para impulsar la sangre hacia arriba durante la marcha.
  • Si no mantenemos una hidratación adecuada, el organismo puede retener más líquidos.

En las personas mayores esta situación suele verse agravada por enfermedades como la insuficiencia venosa crónica, artrosis, insuficiencia cardiaca o renal, alteraciones linfáticas o determinados tratamientos farmacológicos.

En el caso de las personas con Alzheimer, además, el riesgo puede ser aún mayor. Con frecuencia disminuye su actividad física, permanecen más tiempo en la misma postura y pueden tener dificultades para expresar que sienten pesadez, dolor o incomodidad, por lo que la observación por parte de familiares y cuidadores resulta esencial.

¿Qué podemos hacer para aliviar la hinchazón?

- Elegir un calzado adecuado: Puede parecer un detalle menor, pero es fundamental utilizar un calzado cómodo, amplio, que no comprima el pie ni el tobillo y que proporcione una buena estabilidad durante la marcha.

- Elevar las piernas: Siempre que permanezcamos sentados durante un tiempo prolongado es recomendable elevar las piernas ligeramente por encima del nivel del corazón. Si existe artrosis de rodilla, conviene apoyar toda la extremidad para evitar puntos de presión y mantener una postura cómoda.

-Aplicar baños de contraste: Cuando no exista contraindicación médica, los baños de contraste pueden favorecer la circulación. Una pauta sencilla consiste en alternar un minuto de agua fría con treinta segundos de agua templada o caliente, durante unos diez minutos, finalizando siempre con agua fría.

- Evitar el calor directo: Es recomendable evitar la exposición prolongada al sol y las fuentes de calor sobre las piernas. Si queremos aprovechar los beneficios de la vitamina D, lo ideal es realizar paseos o permanecer al aire libre durante las primeras horas de la mañana o al final de la tarde.

- Mantenerse en movimiento: El movimiento sigue siendo el mejor tratamiento preventivo. Caminar, nadar, montar en bicicleta estática o realizar ejercicios sencillos de flexión y extensión de tobillos y rodillas activan la bomba muscular de las piernas y favorecen el retorno venoso. En personas con movilidad reducida, incluso los ejercicios realizados sentado pueden marcar una gran diferencia.

- Hidratarse y cuidar la alimentación: Beber suficiente agua es imprescindible, aunque no aparezca la sensación de sed. Además, una alimentación rica en frutas y verduras, baja en alimentos muy salados y con comidas ligeras ayuda a mantener un mejor equilibrio de líquidos y reduce la tendencia a la retención.

El papel de la fisioterapia

Desde la fisioterapia podemos ayudar a prevenir y aliviar estos síntomas mediante ejercicio terapéutico individualizado, movilizaciones, técnicas para favorecer el retorno venoso y educación tanto de la persona como de sus cuidadores.

En personas con Alzheimer, mantener una buena movilidad no solo mejora la circulación, sino que también contribuye a preservar la autonomía, reducir el riesgo de caídas y favorecer su bienestar durante los meses de más calor.

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Viernes, 26 Junio 2026 13:56

¿QUÉ ES LA DISESTESIA?

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La disestesia es una alteración de la sensibilidad que provoca que determinadas sensaciones se perciban de forma anormal, desagradable o incluso dolorosa. En otras palabras, el cerebro interpreta de manera incorrecta los estímulos que recibe a través de los nervios.

Las personas que la padecen suelen describir sensaciones como quemazón, pinchazos, hormigueo, picor intenso o dolor, incluso cuando no existe una lesión visible o cuando el estímulo que reciben es muy leve. Por ejemplo, el simple roce de una prenda de ropa o el contacto con una sábana puede resultar molesto o doloroso.

La disestesia puede aparecer en distintas partes del cuerpo, como las piernas, los brazos, el rostro o el cuero cabelludo, y suele estar relacionada con alteraciones del sistema nervioso.

Disestesia y parestesia: ¿en qué se diferencian?

Aunque ambos términos hacen referencia a alteraciones de la sensibilidad, no significan exactamente lo mismo.

  • Parestesia: se refiere a sensaciones anormales como hormigueo, adormecimiento o "acorchamiento", que generalmente no resultan dolorosas. Es la típica sensación que aparece cuando una extremidad "se duerme".
  • Disestesia: además de ser una sensación anormal, resulta desagradable o dolorosa. Puede aparecer ante estímulos normales o incluso sin que exista ningún estímulo externo.

¿Por qué aparece la disestesia?

La causa más frecuente es una alteración en el funcionamiento de los nervios o de las áreas cerebrales encargadas de procesar la sensibilidad.

Entre las causas más habituales encontramos:

  • Neuropatías periféricas: producidas por enfermedades como la diabetes, el alcoholismo o determinadas deficiencias vitamínicas.
  • Estrés y ansiedad: pueden aumentar la sensibilidad corporal y favorecer la aparición de sensaciones desagradables, especialmente en el cuero cabelludo, la cara o las extremidades.
  • Lesiones nerviosas: tras traumatismos, intervenciones quirúrgicas o compresiones nerviosas.
  • Infecciones: como el herpes zóster, que puede dejar dolor o quemazón persistente.
  • Esclerosis múltiple: una enfermedad que afecta a la mielina, la capa protectora de los nervios, y que con frecuencia provoca alteraciones sensitivas.
  • Accidentes cerebrovasculares y otras enfermedades neurológicas: que alteran la forma en que el cerebro procesa la información sensorial.

En fases avanzadas del alzhéimer, algunas personas pueden mostrar molestias físicas difíciles de explicar o describir, ya que la enfermedad afecta a la comunicación y a la capacidad para expresar lo que sienten. Además, es frecuente que los pacientes de edad avanzada presenten otras enfermedades neurológicas o problemas de sensibilidad que sí pueden favorecer la aparición de disestesias.

Por este motivo, cuando una persona con alzhéimer manifiesta dolor, incomodidad o sensaciones extrañas, es importante realizar una valoración médica completa para identificar la causa y ofrecer el tratamiento más adecuado.

Síntomas de la disestesia

La intensidad y la forma en que se manifiesta pueden variar mucho de una persona a otra. Los síntomas más frecuentes son:

  • Sensación de quemazón o calor intenso.
  • Hormigueo persistente.
  • Picor sin una causa aparente.
  • Pinchazos o sensación de corriente eléctrica.
  • Dolor provocado por estímulos que normalmente no deberían resultar dolorosos, como el roce de la ropa o una caricia.
  • Molestias localizadas en el cuero cabelludo, la cara, las piernas, los brazos o cualquier otra zona del cuerpo.

Tratamiento de la disestesia

El tratamiento dependerá de la causa que la esté provocando. Por ello, el primer paso siempre será identificar el origen del problema.

Las opciones terapéuticas pueden incluir:

  • Medicamentos para el dolor neuropático, como la gabapentina o la pregabalina.
  • Terapias de rehabilitación y fisioterapia, que ayudan a mejorar la función nerviosa y reducir las molestias.
  • Control del estrés y la ansiedad, mediante técnicas de relajación, terapia psicológica, mindfulness o ejercicio físico.
  • Tratamiento de la enfermedad de base, como la diabetes, la esclerosis múltiple o determinadas deficiencias nutricionales.

Aunque la disestesia no suele representar una urgencia médica, sí es una señal de que el sistema nervioso puede no estar funcionando correctamente. Si las sensaciones son persistentes, empeoran con el tiempo o interfieren con la calidad de vida, es recomendable consultar con un profesional sanitario para identificar la causa y establecer el tratamiento más adecuado.

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