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Jueves, 23 Julio 2026 10:39

CUIDA TUS OJOS EN VERANO

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¡Ya ni recordamos cuantas olas de calor llevamos! después de tantos días de calor extremo y con los aires acondicionados a tope, no podemos evitar acordarnos de unos sufridores silenciosos…nuestros ojos.

Hoy os rescatamos un post del año pasado donde os explicamos paso a paso como realizar un masaje para reducir la sequedad que nos vendrá muy bien en más de una ocasión:

https://alzheimertierradebarros.es/index.php/component/k2/1-noticias-de-alzheimer/3288-masaje-palpebral

 

Fisioterapia Alzheimer

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La semana pasada hablábamos de los beneficios de realizar ejercicio en el agua, no solo para las articulaciones, sino también para la circulación. Gran parte de estos efectos se deben a una propiedad física del agua llamada presión hidrostática. Pero, ¿qué significa exactamente? Pero antes de conocer el mecanismo de acción vamos a explicar por qué se produce la hinchazón en las piernas.

El edema aparece cuando se acumula un exceso de líquido en el espacio situado entre las células, conocido como espacio intersticial. En los miembros inferiores suele estar relacionado con varios factores:

  • Insuficiencia venosa, cuando las venas tienen dificultades para devolver la sangre al corazón.
  • Alteraciones del sistema linfático, que reducen la capacidad de drenaje de líquidos.
  • Permanecer largos periodos sentado o de pie, favoreciendo que la gravedad acumule líquidos en tobillos y piernas.
  • Disminución de la movilidad, frecuente en personas mayores o con determinadas patologías.

¿Cómo ayuda el agua?

Cuando una persona se sumerge hasta la cintura o el pecho, el agua ejerce una compresión uniforme sobre los tejidos. Esta presión aumenta progresivamente con la profundidad, de modo que los pies y los tobillos reciben una presión mayor que las rodillas, y esta mayor que los muslos.

Esta presión genera una serie de efectos fisiológicos muy beneficiosos.

1. Favorece el retorno venoso

Las venas son las encargadas de transportar la sangre de vuelta al corazón y necesitan ayuda para vencer la gravedad, especialmente en las piernas.

La presión del agua favorece el vaciado de las venas superficiales, mejora el funcionamiento de las válvulas venosas y aumenta la velocidad del flujo sanguíneo hacia el corazón.

Dicho de forma sencilla, el agua ayuda a "empujar" la sangre desde las piernas hacia arriba, reduciendo la sensación de pesadez y favoreciendo una mejor circulación.

2. Facilita el drenaje linfático

El sistema linfático se encarga de recoger el exceso de líquido que se acumula entre los tejidos. La compresión hidrostática favorece que este líquido vuelva a incorporarse a los vasos linfáticos, facilitando su transporte y eliminación.

Por este motivo, muchas personas perciben una disminución de la hinchazón en tobillos y piernas después de una sesión de ejercicio acuático.

3. Reduce la formación de edema

La presión ejercida por el agua también modifica el equilibrio de fuerzas que regulan el intercambio de líquidos entre los capilares sanguíneos y los tejidos.

Este fenómeno se explica mediante la denominada ley de Starling, que describe cómo el movimiento de líquidos depende de la diferencia entre las presiones que empujan el líquido hacia fuera de los capilares y las que favorecen su reabsorción.

Al aumentar la presión externa sobre los tejidos, el agua dificulta la salida de líquido desde los capilares hacia el espacio intersticial y favorece su retorno al sistema circulatorio. Como consecuencia, se acumula menos líquido en los tejidos mientras permanecemos sumergidos.

4. Potencia la acción de la bomba muscular

Si además caminamos o realizamos ejercicios dentro del agua, los músculos de las pantorrillas actúan como una auténtica "bomba muscular".

Cada contracción de los gemelos comprime las venas profundas e impulsa la sangre hacia el corazón. Cuando esta acción muscular se combina con la compresión uniforme que ejerce el agua, ambos mecanismos se potencian mutuamente, mejorando de forma muy eficaz el retorno venoso y linfático.

Mucho más que ejercicio

Por todo ello, las actividades acuáticas constituyen una herramienta terapéutica de gran valor para personas con insuficiencia venosa, tendencia al edema, movilidad reducida o simplemente para quienes buscan una forma segura y eficaz de mantenerse activos durante los meses más calurosos.

A veces, algo tan sencillo como caminar dentro de una piscina puede convertirse en una auténtica sesión de fisioterapia para nuestras piernas.

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Con la llegada del verano, la piscina y el mar se convierten en escenarios ideales para mantener una vida activa. La gimnasia acuática es una de las actividades físicas más recomendables para las personas mayores, ya que permite trabajar la fuerza, el equilibrio, la movilidad y la capacidad cardiovascular con un impacto mínimo sobre las articulaciones.

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Cada verano parece más intenso que el anterior. Este año volvemos a escuchar hablar del famoso "domo de calor", un término meteorológico que hace referencia a una masa de aire caliente que queda atrapada sobre una zona durante varios días, provocando temperaturas excepcionalmente elevadas. En la práctica, todos lo traducimos igual: ¡hace muchísimo calor!

Y si nosotros lo notamos, las personas mayores y quienes padecen enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer, lo sufren todavía más.

Uno de los problemas más frecuentes durante esta época es la hinchazón de piernas y pies, una molestia que no solo genera pesadez y cansancio, sino que también puede dificultar la movilidad y aumentar el riesgo de caídas.

¿Por qué se hinchan las piernas con el calor?

Las altas temperaturas producen vasodilatación periférica, es decir, las venas aumentan su diámetro para favorecer la pérdida de calor corporal. Sin embargo, esta dilatación también disminuye la eficacia del retorno venoso, dificultando que la sangre vuelva desde las piernas hasta el corazón.

Como consecuencia, aumenta la presión dentro de los pequeños vasos sanguíneos y parte del líquido se filtra hacia los tejidos, produciendo el conocido edema en los miembros inferiores.

A este fenómeno se suman otros factores habituales durante el verano:

  • Caminamos menos y pasamos más tiempo sentados o tumbados para refugiarnos del calor.
  • Disminuye la acción de la llamada "bomba muscular" de la pantorrilla, fundamental para impulsar la sangre hacia arriba durante la marcha.
  • Si no mantenemos una hidratación adecuada, el organismo puede retener más líquidos.

En las personas mayores esta situación suele verse agravada por enfermedades como la insuficiencia venosa crónica, artrosis, insuficiencia cardiaca o renal, alteraciones linfáticas o determinados tratamientos farmacológicos.

En el caso de las personas con Alzheimer, además, el riesgo puede ser aún mayor. Con frecuencia disminuye su actividad física, permanecen más tiempo en la misma postura y pueden tener dificultades para expresar que sienten pesadez, dolor o incomodidad, por lo que la observación por parte de familiares y cuidadores resulta esencial.

¿Qué podemos hacer para aliviar la hinchazón?

- Elegir un calzado adecuado: Puede parecer un detalle menor, pero es fundamental utilizar un calzado cómodo, amplio, que no comprima el pie ni el tobillo y que proporcione una buena estabilidad durante la marcha.

- Elevar las piernas: Siempre que permanezcamos sentados durante un tiempo prolongado es recomendable elevar las piernas ligeramente por encima del nivel del corazón. Si existe artrosis de rodilla, conviene apoyar toda la extremidad para evitar puntos de presión y mantener una postura cómoda.

-Aplicar baños de contraste: Cuando no exista contraindicación médica, los baños de contraste pueden favorecer la circulación. Una pauta sencilla consiste en alternar un minuto de agua fría con treinta segundos de agua templada o caliente, durante unos diez minutos, finalizando siempre con agua fría.

- Evitar el calor directo: Es recomendable evitar la exposición prolongada al sol y las fuentes de calor sobre las piernas. Si queremos aprovechar los beneficios de la vitamina D, lo ideal es realizar paseos o permanecer al aire libre durante las primeras horas de la mañana o al final de la tarde.

- Mantenerse en movimiento: El movimiento sigue siendo el mejor tratamiento preventivo. Caminar, nadar, montar en bicicleta estática o realizar ejercicios sencillos de flexión y extensión de tobillos y rodillas activan la bomba muscular de las piernas y favorecen el retorno venoso. En personas con movilidad reducida, incluso los ejercicios realizados sentado pueden marcar una gran diferencia.

- Hidratarse y cuidar la alimentación: Beber suficiente agua es imprescindible, aunque no aparezca la sensación de sed. Además, una alimentación rica en frutas y verduras, baja en alimentos muy salados y con comidas ligeras ayuda a mantener un mejor equilibrio de líquidos y reduce la tendencia a la retención.

El papel de la fisioterapia

Desde la fisioterapia podemos ayudar a prevenir y aliviar estos síntomas mediante ejercicio terapéutico individualizado, movilizaciones, técnicas para favorecer el retorno venoso y educación tanto de la persona como de sus cuidadores.

En personas con Alzheimer, mantener una buena movilidad no solo mejora la circulación, sino que también contribuye a preservar la autonomía, reducir el riesgo de caídas y favorecer su bienestar durante los meses de más calor.

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Viernes, 26 Junio 2026 13:56

¿QUÉ ES LA DISESTESIA?

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La disestesia es una alteración de la sensibilidad que provoca que determinadas sensaciones se perciban de forma anormal, desagradable o incluso dolorosa. En otras palabras, el cerebro interpreta de manera incorrecta los estímulos que recibe a través de los nervios.

Las personas que la padecen suelen describir sensaciones como quemazón, pinchazos, hormigueo, picor intenso o dolor, incluso cuando no existe una lesión visible o cuando el estímulo que reciben es muy leve. Por ejemplo, el simple roce de una prenda de ropa o el contacto con una sábana puede resultar molesto o doloroso.

La disestesia puede aparecer en distintas partes del cuerpo, como las piernas, los brazos, el rostro o el cuero cabelludo, y suele estar relacionada con alteraciones del sistema nervioso.

Disestesia y parestesia: ¿en qué se diferencian?

Aunque ambos términos hacen referencia a alteraciones de la sensibilidad, no significan exactamente lo mismo.

  • Parestesia: se refiere a sensaciones anormales como hormigueo, adormecimiento o "acorchamiento", que generalmente no resultan dolorosas. Es la típica sensación que aparece cuando una extremidad "se duerme".
  • Disestesia: además de ser una sensación anormal, resulta desagradable o dolorosa. Puede aparecer ante estímulos normales o incluso sin que exista ningún estímulo externo.

¿Por qué aparece la disestesia?

La causa más frecuente es una alteración en el funcionamiento de los nervios o de las áreas cerebrales encargadas de procesar la sensibilidad.

Entre las causas más habituales encontramos:

  • Neuropatías periféricas: producidas por enfermedades como la diabetes, el alcoholismo o determinadas deficiencias vitamínicas.
  • Estrés y ansiedad: pueden aumentar la sensibilidad corporal y favorecer la aparición de sensaciones desagradables, especialmente en el cuero cabelludo, la cara o las extremidades.
  • Lesiones nerviosas: tras traumatismos, intervenciones quirúrgicas o compresiones nerviosas.
  • Infecciones: como el herpes zóster, que puede dejar dolor o quemazón persistente.
  • Esclerosis múltiple: una enfermedad que afecta a la mielina, la capa protectora de los nervios, y que con frecuencia provoca alteraciones sensitivas.
  • Accidentes cerebrovasculares y otras enfermedades neurológicas: que alteran la forma en que el cerebro procesa la información sensorial.

En fases avanzadas del alzhéimer, algunas personas pueden mostrar molestias físicas difíciles de explicar o describir, ya que la enfermedad afecta a la comunicación y a la capacidad para expresar lo que sienten. Además, es frecuente que los pacientes de edad avanzada presenten otras enfermedades neurológicas o problemas de sensibilidad que sí pueden favorecer la aparición de disestesias.

Por este motivo, cuando una persona con alzhéimer manifiesta dolor, incomodidad o sensaciones extrañas, es importante realizar una valoración médica completa para identificar la causa y ofrecer el tratamiento más adecuado.

Síntomas de la disestesia

La intensidad y la forma en que se manifiesta pueden variar mucho de una persona a otra. Los síntomas más frecuentes son:

  • Sensación de quemazón o calor intenso.
  • Hormigueo persistente.
  • Picor sin una causa aparente.
  • Pinchazos o sensación de corriente eléctrica.
  • Dolor provocado por estímulos que normalmente no deberían resultar dolorosos, como el roce de la ropa o una caricia.
  • Molestias localizadas en el cuero cabelludo, la cara, las piernas, los brazos o cualquier otra zona del cuerpo.

Tratamiento de la disestesia

El tratamiento dependerá de la causa que la esté provocando. Por ello, el primer paso siempre será identificar el origen del problema.

Las opciones terapéuticas pueden incluir:

  • Medicamentos para el dolor neuropático, como la gabapentina o la pregabalina.
  • Terapias de rehabilitación y fisioterapia, que ayudan a mejorar la función nerviosa y reducir las molestias.
  • Control del estrés y la ansiedad, mediante técnicas de relajación, terapia psicológica, mindfulness o ejercicio físico.
  • Tratamiento de la enfermedad de base, como la diabetes, la esclerosis múltiple o determinadas deficiencias nutricionales.

Aunque la disestesia no suele representar una urgencia médica, sí es una señal de que el sistema nervioso puede no estar funcionando correctamente. Si las sensaciones son persistentes, empeoran con el tiempo o interfieren con la calidad de vida, es recomendable consultar con un profesional sanitario para identificar la causa y establecer el tratamiento más adecuado.

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Viernes, 19 Junio 2026 07:59

¡LA FAMILIA SIGUE CRECIENDO!

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Gracias a la generosidad de nuestros socios, nuestro banco de recursos cuenta ahora con dos nuevas sillas de baño. Un gesto que nos permite seguir ampliando la ayuda que ofrecemos y llegar a más familias cuando más lo necesitan.

Actualmente disponemos de una amplia variedad de ayudas técnicas, entre las que se encuentran:

  • Barandillas abatibles para cama.
    • Sillas para ducha.
    • Sillas WC 3 en 1.
    • Sillas de ruedas plegables.
    • Silla de ruedas reclinable con reposacabezas y reposapiés elevables.
    • Andadores fijos y plegables.
    • Bastones normales y trípodes.
    • Muletas.

Pero lo más importante es que este banco de recursos no está destinado exclusivamente a las personas con Alzheimer. Cualquier socio de nuestra asociación puede hacer uso de este servicio.

A lo largo de la vida pueden surgir situaciones inesperadas: una caída, una fractura, un esguince, una operación o cualquier otro problema temporal de movilidad. En esos momentos, disponer de una silla de ruedas, unas muletas, un andador o una silla de baño puede marcar una gran diferencia. Sin embargo, adquirir este material para un uso puntual no siempre resulta práctico ni económico.

Por eso ponemos a disposición de nuestros socios, de forma gratuita, todos estos recursos, solo hay que dejar una pequeña fianza que será devuelta al terminar el préstamo. Nuestro objetivo es que nadie tenga que afrontar solo las dificultades que puedan surgir durante un periodo de recuperación o dependencia temporal.

Si necesitas alguno de estos materiales, no dudes en contactar con nosotros. Y si tienes en casa ayudas técnicas que ya no utilizas y están en buen estado, te animamos a donarlas para que puedan seguir siendo útiles a otras personas.

Porque cuando compartimos recursos, multiplicamos la ayuda. Gracias por seguir haciendo crecer esta gran familia.

 

 

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Viernes, 05 Junio 2026 13:10

INFLAMACIÓN CRÓNICA DE BAJO GRADO

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La semana pasada hablábamos de cómo un consumo elevado de azúcar podría estar relacionado con la inflamación crónica de bajo grado. Pero, ¿qué es exactamente y por qué preocupa tanto a los profesionales de la salud?

La inflamación crónica de bajo grado no es una enfermedad en sí misma, sino un estado en el que el sistema inmunitario permanece activado de forma continua, aunque no exista una infección o lesión evidente que justifique esa respuesta. Es como si el organismo mantuviera una pequeña señal de alarma encendida de manera permanente. Aunque esta inflamación suele ser silenciosa y no produce síntomas claros al principio, con el paso del tiempo puede dañar tejidos y órganos, favoreciendo el desarrollo de enfermedades como las cardiovasculares, la diabetes tipo 2, la obesidad, algunos tipos de cáncer o enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

En este proceso desempeñan un papel fundamental las citoquinas, unas pequeñas proteínas que actúan como mensajeros químicos entre las células del sistema inmunitario. Su función es coordinar la respuesta defensiva del organismo cuando existe una amenaza. El problema aparece cuando determinadas citoquinas proinflamatorias se producen de forma excesiva o continuada, manteniendo al sistema inmunitario en un estado de activación constante. Esta situación puede generar un desgaste progresivo de los tejidos y alterar el funcionamiento normal de diferentes órganos y sistemas.

La inflamación crónica de bajo grado no suele tener una única causa, sino que es el resultado de la combinación de diversos factores relacionados con la genética, el entorno y, especialmente, el estilo de vida.

 

1. Obesidad y exceso de grasa abdominal

El exceso de grasa corporal, especialmente la acumulada alrededor de los órganos abdominales, es uno de los factores más importantes. Este tejido adiposo no es un simple almacén de energía; actúa como un órgano metabólicamente activo que libera citoquinas y otras sustancias inflamatorias, favoreciendo la aparición y mantenimiento de la inflamación.

2. Alimentación poco saludable

Una dieta rica en azúcares añadidos, grasas saturadas y alimentos ultraprocesados puede favorecer la producción de citoquinas inflamatorias y alterar el equilibrio de la microbiota intestinal. Con el tiempo, estos cambios contribuyen a mantener un estado inflamatorio persistente.

3. Estrés crónico

Vivir sometidos a estrés continuo afecta al equilibrio hormonal y al funcionamiento del sistema inmunitario. Cuando esta situación se prolonga, el organismo puede perder parte de su capacidad para regular adecuadamente la respuesta inflamatoria.

4. Sedentarismo

La falta de actividad física se relaciona con niveles más elevados de inflamación. Por el contrario, realizar ejercicio de forma regular ayuda a reducir la producción de sustancias proinflamatorias y favorece la liberación de compuestos con efecto protector.

5. Contaminación ambiental

La exposición continuada a contaminantes atmosféricos, productos químicos industriales o metales pesados puede activar mecanismos inflamatorios y aumentar el estrés oxidativo, contribuyendo al desarrollo de inflamación sistémica.

6. Alteraciones del sueño

Dormir poco o tener un descanso de mala calidad puede influir negativamente en la regulación del sistema inmunitario y favorecer el aumento de marcadores inflamatorios.

7. Tabaquismo y consumo excesivo de alcohol

Ambos hábitos generan estrés oxidativo y daño celular, factores que favorecen la activación de procesos inflamatorios crónicos.

8. Desequilibrios de la microbiota intestinal

La salud intestinal desempeña un papel clave en la regulación de la inflamación. Cuando se altera el equilibrio de las bacterias que habitan nuestro intestino, pueden producirse cambios que favorezcan una respuesta inflamatoria persistente.

 

¿Cómo se diagnostica?

La inflamación crónica de bajo grado suele ser silenciosa, por lo que no existe una única prueba que permita diagnosticarla de forma directa. Los profesionales sanitarios valoran diferentes factores como la historia clínica, el estilo de vida, la presencia de enfermedades asociadas y determinados marcadores analíticos.

Entre los parámetros que pueden orientar sobre la existencia de un estado inflamatorio se encuentran la proteína C reactiva (PCR), especialmente la PCR ultrasensible, la velocidad de sedimentación globular (VSG) y otros marcadores relacionados con el metabolismo de la glucosa, el perfil lipídico o la función hepática. Sin embargo, estos resultados siempre deben interpretarse en conjunto y dentro del contexto clínico de cada persona.

 

¿Se puede tratar?

La buena noticia es que la inflamación crónica de bajo grado puede reducirse e incluso revertirse en muchos casos mediante cambios sostenidos en el estilo de vida. El objetivo no es únicamente disminuir los marcadores inflamatorios, sino actuar sobre las causas que la están favoreciendo.

Las principales recomendaciones incluyen:

✔️ Mantener un peso saludable, especialmente reduciendo el exceso de grasa abdominal.

✔️ Seguir una alimentación basada en alimentos frescos y poco procesados, rica en frutas, verduras, legumbres, frutos secos, pescado y aceite de oliva.

✔️ Limitar el consumo de azúcares añadidos, bebidas azucaradas, alcohol y productos ultraprocesados.

✔️ Realizar actividad física de forma regular, combinando ejercicio aeróbico y trabajo de fuerza adaptado a cada persona.

✔️ Dormir entre 7 y 9 horas diarias y cuidar la calidad del descanso.

✔️ Aprender estrategias para gestionar el estrés, como la práctica de ejercicio, técnicas de relajación, meditación o actividades de ocio.

Aunque se trate de un proceso silencioso, pequeños cambios mantenidos en el tiempo pueden marcar una gran diferencia en nuestra salud presente y futura.

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Viernes, 29 Mayo 2026 07:45

AZUCAR E INFLAMACION

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¿Puede el exceso de azúcar favorecer la inflamación? Durante años, el azúcar se ha relacionado sobre todo con obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular. Sin embargo, investigaciones recientes sugieren que su impacto podría ir más allá: una ingesta elevada de azúcares añadidos podría favorecer procesos inflamatorios en el organismo.

El artículo de revisión Excessive intake of sugar: An accomplice of inflammation analiza la evidencia disponible sobre cómo el consumo excesivo de glucosa, fructosa, sacarosa y jarabe de maíz rico en fructosa (HFCS) puede influir en la inflamación y en algunas enfermedades inflamatorias y autoinmunes.

Según los autores, un exceso de azúcar podría contribuir a la inflamación crónica de bajo grado, un estado inflamatorio persistente, silencioso y relacionado con numerosas enfermedades metabólicas.  Entre los mecanismos descritos destacan:

✔️ Aumento de moléculas inflamatorias como PCR (proteína C reactiva), IL-6 y TNF-α, mediadores asociados con respuestas inflamatorias del organismo.

✔️ Alteraciones metabólicas e insulinorresistencia, favorecidas por dietas altas en azúcares y bebidas azucaradas.

✔️ Cambios en la microbiota intestinal: un consumo elevado de azúcar podría reducir la diversidad bacteriana intestinal y alterar la barrera intestinal, favoreciendo señales inflamatorias.

✔️ Modulación del sistema inmunitario: el artículo revisa investigaciones que muestran cómo ambientes con alta disponibilidad de glucosa pueden influir sobre células inmunes implicadas en la regulación de la inflamación.

¿Significa esto que el azúcar “causa” inflamación en todas las personas? No exactamente. Los propios autores señalan que la evidencia todavía presenta matices y resultados no siempre uniformes. Algunos ensayos han encontrado aumentos de marcadores inflamatorios tras el consumo de bebidas azucaradas, mientras que otros no observaron cambios significativos a corto plazo

¿Qué podemos hacer en la práctica?  reducir el consumo de azúcares añadidos, especialmente procedentes de bebidas azucaradas, bollería, dulces y alimentos ultraprocesados, puede ser una medida beneficiosa para la salud metabólica e inflamatoria.
No se trata de demonizar un alimento concreto, sino de priorizar patrones de alimentación más equilibrados y menos dependientes del exceso de azúcar.

Junto a ello, el ejercicio físico moderado y regular se presenta como una herramienta especialmente valiosa para contrarrestar algunos de los efectos negativos asociados al exceso de azúcar y a la inflamación crónica de bajo grado.

La actividad física ayuda a:

✔️ Mejorar la sensibilidad a la insulina y el control de la glucosa.
✔️ Reducir marcadores inflamatorios sistémicos.
✔️ Favorecer un metabolismo más eficiente.
✔️ Mantener la salud muscular y cardiovascular.
✔️ Mejorar el bienestar general y disminuir la fatiga.

Caminar a buen ritmo, montar en bicicleta, nadar, realizar ejercicios de fuerza adaptados o cualquier actividad realizada de forma constante puede convertirse en un potente aliado para la salud.

En definitiva, menos azúcar añadido y más movimiento cotidiano constituyen una combinación sencilla, accesible y respaldada por la evidencia para ayudar al organismo a mantener un entorno metabólico e inflamatorio más saludable.

 

Fisioterapia Alzheimer

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Viernes, 22 Mayo 2026 11:20

MOVIMIENTO PARA GESTIONAR EL ESTRÉS

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Os explicábamos la semana pasada lo importante que es el movimiento en enfermos de Alzheimer, pero no solo en ellos, también es una herramienta terapéutica para nosotros, sobre todo para controlar el estrés. El estrés no afecta únicamente a nuestras emociones; también deja una huella profunda en el cuerpo.

Cuando vivimos situaciones de tensión mantenida, el organismo eleva los niveles de cortisol, adrenalina y noradrenalina, entra en modo supervivencia: los músculos se preparan para defenderse, la respiración se acelera, aumenta la tensión corporal y el sistema nervioso permanece en alerta constante. Todo esto se traduce en un aumento del tono muscular provocando contracturas.

Es frecuente notar:

  • cuello rígido o dolorido
  • hombros tensos
  • mandíbula apretada
  • sensación de cansancio físico
  • respiración corta o superficial
  • dolores musculares sin causa aparente

El movimiento mejora la circulación sanguínea, aumenta la elasticidad muscular y la movilidad articular ayudando a la oxigenación de tejidos

Pero no hablamos necesariamente de deporte intenso.

A veces, el tratamiento empieza con algo tan sencillo como:

  • caminar
  • estirar suavemente
  • respirar con conciencia mientras nos movemos
  • recuperar movilidad articular
  • volver a confiar en el propio cuerpo

Porque moverse no es solo activar músculos, moverse es darle al cuerpo una oportunidad para regularse, descargar tensión y recuperar equilibrio.

Al movernos, el cerebro produce sustancias que actúan como “reguladores naturales del ánimo”:

  • Endorfinas → producen sensación de alivio, bienestar y disminuyen la percepción del dolor.
  • Serotonina → influye en el estado de ánimo, sueño y calma emocional.
  • Dopamina → relacionada con motivación, recompensa y energía mental.
  • GABA → (Ácido Gamma-Aminobutírico) es el principal neurotransmisor inhibidor del cerebro, actuando como un freno natural para el sistema nervioso, ayuda a “frenar” la hiperactividad cerebral típica del estrés o la ansiedad.

Desde la fisioterapia lo vemos cada día, cuando el cuerpo recupera movimiento, muchas veces también recupera calma, autonomía y bienestar.

 

Fisioterapia Alzheimer.

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Viernes, 15 Mayo 2026 11:15

La fisioterapia como aliada en el Alzheimer

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Cuando hablamos de la enfermedad de Alzheimer solemos pensar en la memoria, en los recuerdos que se van apagando poco a poco. Sin embargo, hay algo que muchas veces olvidamos: el cuerpo también necesita seguir recordando cómo moverse, cómo mantenerse activo, cómo seguir conectado con la vida.

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