
Continuamos nuestro viaje por las artritis hablando hoy de la artritis séptica, cuando bacterias u otros microorganismos patógenos se diseminan a través del torrente sanguíneo y llegan a una articulación se produce la inflamación de la misma. También puede aparecer tras una infección directa, por ejemplo, después de una lesión o de una intervención quirúrgica.
La mayoría de los casos de artritis séptica aguda están causados por bacterias como Staphylococcus o Streptococcus. En los casos crónicos, menos frecuentes, pueden intervenir microorganismos como Mycobacterium tuberculosis o Candida albicans.
Existen determinadas situaciones que aumentan la probabilidad de desarrollar artritis séptica:
- Presencia de prótesis articulares.
- Infecciones bacterianas en otras partes del cuerpo.
- Bacteriemia (presencia de bacterias en sangre).
- Enfermedades crónicas como diabetes o artritis reumatoide
- Uso de drogas por vía intravenosa.
- Tratamientos que disminuyen la respuesta del sistema inmunitario.
- Lesiones recientes en una articulación.
- Cirugías articulares recientes, como artroscopias.
Las articulaciones más afectadas suelen ser la rodilla y la cadera y puede presentarse a cualquier edad, por ello debemos estar alerta con nuestros enfermos de alzhéimer, no solo por no ser capaz de comunicar adecuadamente el dolor articular, sino que, además, en fases avanzadas del alzheimer nos solemos encontrar movilidad reducida, mayor fragilidad física y, en algunos casos, otras enfermedades crónicas que debilitan el sistema inmunitario aumentando así el riesgo de infecciones. Por ello es importante esta atentos a los signos que puedan presentarse, como:
- Aumento de la agitación o confusión.
- Negativa repentina a caminar o mover una extremidad.
- Inflamación visible en una articulación.
- Fiebre sin causa aparente.
La detección precoz es fundamental, ya que la artritis séptica es una urgencia médica que requiere tratamiento antibiótico inmediato.
La fisioterapia no sustituye el tratamiento médico, pero es fundamental en la fase subaguda y de recuperación para evitar secuelas como rigidez, debilidad o limitación funcional.
El abordaje fisioterapéutico depende de la fase clínica: con la infección activa prestaremos e4special atención al posicionamiento funcional durante la fase de reposo relativa y cuando la infección este controlada pasaremos a movilizaciones pasivas y activo-asistidas progresivas, ejercicios activos suaves y electroterapia analgésicas siempre y cuando no haya infección.