Viernes, 15 Mayo 2026 11:15

La fisioterapia como aliada en el Alzheimer

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Cuando hablamos de la enfermedad de Alzheimer solemos pensar en la memoria, en los recuerdos que se van apagando poco a poco. Sin embargo, hay algo que muchas veces olvidamos: el cuerpo también necesita seguir recordando cómo moverse, cómo mantenerse activo, cómo seguir conectado con la vida.

Por eso siempre os repetimos una idea fundamental: no hay nunca que dejar de moverse, el movimiento es vida y libertad.

Moverse no significa únicamente caminar o hacer ejercicio. Moverse es poder levantarse de una silla con autonomía, mantener el equilibrio, conservar la capacidad de abrazar, pasear, bailar, participar en una actividad familiar o simplemente sentirse útil y conectado con el entorno.

Con el alzheimer todo se complica, a medida que avanza la enfermedad, pueden aparecer problemas de movilidad, rigidez, pérdida de equilibrio, debilidad muscular o miedo a caer. Aparece el sedentarismo y este acelera aún más la pérdida de capacidades.

La fisioterapia ayuda a romper ese círculo.

Mantener una rutina de movimiento adaptada puede aportar grandes beneficios:

  • Mejora la coordinación.
  • Prevención de caídas.
  • Disminución de la rigidez y el dolor.
  • Conservación de la autonomía el mayor tiempo posible.
  • Mejor descanso y regulación del estado de ánimo.
  • Estimulación cognitiva a través del movimiento.
  • Mayor participación social y emocional.

Cada pequeño movimiento cuenta. A veces, un simple paseo, unos ejercicios suaves o bailar una canción conocida pueden convertirse en una herramienta terapéutica muy valiosa.

Muchas personas con Alzheimer pueden olvidar nombres o fechas, pero conservan durante mucho tiempo la memoria corporal y emocional. Por eso la fisioterapia no solo trabaja músculos y articulaciones: también trabaja emociones, seguridad y conexión. Un ejercicio repetido con cariño, una rutina conocida o una actividad física acompañada pueden generar calma, confianza y bienestar.

La clave está en adaptar el movimiento a cada persona y a cada etapa de la enfermedad, en ocasiones, depende incluso de días, la actividad solo podrá ser caminar unos minutos, movilizar brazos y piernas en una silla, jugar con una pelota, estirar suavemente o simplemente levantarse de la silla varias veces al día… da igual, lo importante es evitar la inmovilidad y mantener al cuerpo participando en la vida cotidiana.

En el Alzheimer hay cosas que cambian, pero el derecho a moverse, a sentir libertad y a disfrutar del propio cuerpo nunca debería perderse.

Desde la fisioterapia defendemos cada paso, cada gesto y cada movimiento como una forma de cuidar la dignidad, la autonomía y la calidad de vida.

Porque incluso cuando las palabras fallan, el cuerpo sigue hablando.

Marina Preciado. Fisioterapeuta Alzhéimer “Tierra de Barros”

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