Por eso siempre os repetimos una idea fundamental: no hay nunca que dejar de moverse, el movimiento es vida y libertad.
Moverse no significa únicamente caminar o hacer ejercicio. Moverse es poder levantarse de una silla con autonomía, mantener el equilibrio, conservar la capacidad de abrazar, pasear, bailar, participar en una actividad familiar o simplemente sentirse útil y conectado con el entorno.
Con el alzheimer todo se complica, a medida que avanza la enfermedad, pueden aparecer problemas de movilidad, rigidez, pérdida de equilibrio, debilidad muscular o miedo a caer. Aparece el sedentarismo y este acelera aún más la pérdida de capacidades.
La fisioterapia ayuda a romper ese círculo.
Mantener una rutina de movimiento adaptada puede aportar grandes beneficios:
- Mejora la coordinación.
- Prevención de caídas.
- Disminución de la rigidez y el dolor.
- Conservación de la autonomía el mayor tiempo posible.
- Mejor descanso y regulación del estado de ánimo.
- Estimulación cognitiva a través del movimiento.
- Mayor participación social y emocional.
Cada pequeño movimiento cuenta. A veces, un simple paseo, unos ejercicios suaves o bailar una canción conocida pueden convertirse en una herramienta terapéutica muy valiosa.
Muchas personas con Alzheimer pueden olvidar nombres o fechas, pero conservan durante mucho tiempo la memoria corporal y emocional. Por eso la fisioterapia no solo trabaja músculos y articulaciones: también trabaja emociones, seguridad y conexión. Un ejercicio repetido con cariño, una rutina conocida o una actividad física acompañada pueden generar calma, confianza y bienestar.
La clave está en adaptar el movimiento a cada persona y a cada etapa de la enfermedad, en ocasiones, depende incluso de días, la actividad solo podrá ser caminar unos minutos, movilizar brazos y piernas en una silla, jugar con una pelota, estirar suavemente o simplemente levantarse de la silla varias veces al día… da igual, lo importante es evitar la inmovilidad y mantener al cuerpo participando en la vida cotidiana.
En el Alzheimer hay cosas que cambian, pero el derecho a moverse, a sentir libertad y a disfrutar del propio cuerpo nunca debería perderse.
Desde la fisioterapia defendemos cada paso, cada gesto y cada movimiento como una forma de cuidar la dignidad, la autonomía y la calidad de vida.
Porque incluso cuando las palabras fallan, el cuerpo sigue hablando.
Marina Preciado. Fisioterapeuta Alzhéimer “Tierra de Barros”

