Mostrando artículos por etiqueta: Neuropsicología Alzheimer

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El deterioro cognitivo leve (DCL) y la demencia son dos condiciones relacionadas con el envejecimiento y la función cognitiva, pero presentan diferencias fundamentales:

  • Evolución.
  • Impacto en la vida diaria.

El deterioro cognitivo leve se sitúa en un punto intermedio entre el envejecimiento normal y la demencia. Las personas con DCL pueden experimentar fallos de memoria, dificultades para encontrar palabras o problemas leves de atención. Sin embargo, estos cambios no interfieren de manera significativa en su autonomía. Es decir, la persona mantiene su capacidad para realizar actividades de la vida diaria, como gestionar su economía, cocinar o desenvolverse socialmente de forma independiente.

Por el contrario, la demencia implica un deterioro cognitivo más profundo y progresivo que sí afecta de manera clara a la funcionalidad. Enfermedades como la Enfermedad de Alzheimer, la demencia vascular o la demencia con cuerpos de Lewy provocan alteraciones en la memoria, el lenguaje, la orientación y el razonamiento, llegando a comprometer la autonomía personal. En estos casos, la persona necesita apoyo creciente para realizar tareas cotidianas.

Otra diferencia clave radica en la evolución. El DCL no siempre progresa hacia una demencia, en algunos casos se mantiene estable e incluso puede mejorar si se abordan factores como el estilo de vida, la estimulación cognitiva o problemas médicos asociados. En cambio, la demencia suele tener un curso progresivo, con un empeoramiento gradual de los síntomas a lo largo del tiempo.

Distinguir entre ambas condiciones es fundamental para establecer un adecuado seguimiento e intervención. Mientras que en el DCL el objetivo principal es la prevención y el mantenimiento de las funciones cognitivas, en la demencia se prioriza la adaptación del entorno, el manejo de síntomas y el apoyo tanto a la persona como a su entorno familiar.

En definitiva, aunque el deterioro cognitivo leve puede ser una señal de alerta, no implica necesariamente la presencia de demencia. Comprender sus diferencias permite intervenir de forma más precisa y ofrecer una mejor calidad de vida en cada etapa del proceso cognitivo.

 

M.ª Luisa Caro Nieto

Neuropsicología Alzheimer Tierra de Barros

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Miércoles, 01 Abril 2026 13:52

¡NUEVA COLABORACIÓN!

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El Grupo de Investigación @ACAFYDEX se alinea con el Centro de Día de Alzheimer “Tierra de Barros” de Almendralejo (Badajoz) para trabajar de manera conjunta ?.
En las próximas semanas se va a implementar una intervención Brain Endurance Training, es decir, ejercicio físico + actividades cognitivas en personas con deterioro cognitivo ?.
Esta colaboración es parte del nuevo proyecto: EMPICATExt, que pretende evaluar los beneficios del ejercicio físico sobre la cognición en diferentes poblaciones ?.
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La astenia primaveral es un trastorno leve y transitorio que suele aparecer con el cambio de estación hacia la primavera. Se caracteriza por síntomas como fatiga, somnolencia, falta de energía, irritabilidad y dificultades de concentración. Aunque en la mayoría de las personas es un fenómeno pasajero, su impacto puede ser más significativo en poblaciones vulnerables, como las personas con demencia.

En personas con Enfermedad de Alzheimer u otros trastornos neurodegenerativos, la adaptación a los cambios estacionales puede resultar más compleja. Estas personas presentan alteraciones en los ritmos circadianos y en la regulación del sueño, lo que puede verse agravado durante la primavera debido al aumento de horas de luz y las variaciones en la temperatura.

La astenia primaveral puede intensificar síntomas cognitivos y conductuales ya presentes. Es frecuente observar mayor desorientación, aumento de la apatía, irritabilidad o incluso empeoramiento de los trastornos del sueño. Además, la fatiga puede reducir la participación en actividades cognitivas, afectando negativamente al mantenimiento de las capacidades funcionales.

Desde la intervención terapéutica, es fundamental adaptar las rutinas durante este periodo. Mantener horarios regulares de sueño, favorecer la exposición a la luz natural en momentos adecuados del día y promover actividades físicas suaves puede ayudar a mitigar los efectos. Asimismo, ajustar la intensidad de las tareas cognitivas y priorizar actividades significativas y motivadoras resulta clave para evitar la sobrecarga.

 

M.ª Luisa Caro Nieto

Neuropsicología Alzheimer Tierra de Barros

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Mantener la mente activa es fundamental para las personas con Alzheimer y no hace falta recurrir a ejercicios complicados. Lo más importante es que las actividades sean significativas, agradables y adaptadas al nivel cognitivo de cada persona, porque la motivación y el disfrute potencian la memoria.

La memoria no es solo recordar hechos, también está ligada a emociones, hábitos y sensaciones. Al estimularla de forma constante, se logran varios beneficios:

  • Mantener habilidades cognitivas por más tiempo.
  • Mejorar la autoestima y la sensación de logro.
  • Favorecer la comunicación y conexión con la familia.
  • Reducir ansiedad, apatía y frustración.

Actividades prácticas y fáciles de implementar

1. Recordar con fotos y álbumes

  • Mirar fotos familiares y hablar sobre ellas.
  • Pedir que cuenten historias o recuerdos asociados.

2. Música y canciones conocidas

  • Escuchar canciones que la persona solía disfrutar.
  • Cantar juntos o tararear melodías familiares.

3. Juegos de palabras y letras

  • Sopas de letras simples, adivinanzas o rimas.
  • Evitar la presión por “acertar” y centrarse en el disfrute.

4. Actividades manuales

  • Pintura, jardinería, cocina sencilla o manualidades.

5. Rutinas con participación activa

  • Dejar que la persona colabore en tareas del hogar como poner la mesa, clasificar ropa o preparar un café.

6. Juegos de memoria personalizados

  • Cartas con fotos de familiares, objetos o lugares conocidos.
  • Juegos de emparejar o recordar dónde están ciertos objetos.

Cada sonrisa, cada historia compartida y cada logro, por pequeño que sea, es una victoria para la mente y para la relación familiar.

 

Mª Luisa Caro Nieto

Neuropsicología Alzheimer Tierra de Barros

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Miércoles, 04 Marzo 2026 12:53

Cuando el freno del cerebro falla

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Uno de los síntomas conductuales que más desconcierta a las familias es la desinhibición. Comentarios inapropiados, conductas impulsivas, falta de filtro social o decisiones irracionales pueden aparecer en personas que antes eran discretas, prudentes o socialmente ajustadas.

Estas conductas suelen ser la consecuencia directa de un daño en los lóbulos frontales, las áreas cerebrales encargadas del autocontrol. Entre sus funciones principales están:

  • Inhibir impulsos
  • Regular emociones
  • Evaluar consecuencias
  • Adaptar la conducta al contexto social
  • Planificar y tomar decisiones

Cuando estas áreas se ven afectadas, el “freno” conductual pierde eficacia.

En la demencia frontotemporal, la desinhibición suele ser uno de los síntomas iniciales. También puede aparecer en fases avanzadas de la enfermedad de Alzheimer, así como tras traumatismos craneoencefálicos o accidentes cerebrovasculares que afectan a regiones frontales.

¿Cómo se manifiesta la desinhibición?

  • Comentarios socialmente inapropiados.
  • Bromas fuera de lugar.
  • Impulsividad en compras o decisiones económicas.
  • Conductas alimentarias exageradas.
  • Acercamientos físicos inadecuados.
  • Irritabilidad súbita.

El impacto en la familia

Este síntoma afecta a los familiares y cuidadores generando:

  • Vergüenza social.
  • Conflictos familiares.
  • Malentendidos con el entorno.
  • Sensación de “ya no es la misma persona”.

La desinhibición no es un cambio voluntario de personalidad, sino el resultado de un cerebro que ha perdido capacidad de regulación.

Cuando el lóbulo frontal se deteriora, el comportamiento deja de estar guiado por normas internas sólidas y pasa a depender mucho más del entorno inmediato.

Por eso, en estos casos, el entorno actúa como freno externo cuando el freno interno ya no funciona.

Comprender esto permite intervenir con mayor empatía, reducir el conflicto y proteger tanto al paciente como a su familia.

 

 

Mª Luisa Caro Nieto

Neuropsicología Alzheimer Tierra de Barros

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NEURONOTICIA

 

Entre los cambios cognitivos que aparecen en las personas con demencia, los problemas de razonamiento y juicio suelen ser especialmente difíciles de gestionar para las familias y cuidadores. Aunque no siempre son tan visibles como los fallos de memoria, tienen un gran impacto en la vida diaria.

Estas capacidades nos permiten analizar situaciones, tomar decisiones adecuadas y anticipar consecuencias. Cuando se ven afectadas, la persona puede tener dificultades para valorar riesgos, resolver problemas sencillos o actuar de forma segura.

¿Cómo se manifiestan estos problemas?

  • Tomar decisiones poco seguras, como salir solo de casa sin orientación o manipular objetos peligrosos.
  • Dificultad para manejar el dinero o comprender situaciones básicas.
  • Respuestas impulsivas o poco acordes al contexto.
  • Incapacidad para adaptarse a cambios en la rutina.

Estas conductas no son voluntarias, sino consecuencia directa del deterioro cerebral provocado por la demencia.

Impacto en cuidadores y familiares

Los problemas de juicio obligan a los cuidadores a estar constantemente alerta, anticipándose a posibles riesgos. Esto aumenta la carga física y emocional, y puede generar conflictos cuando la persona no comprende por qué se le limita o supervisa más.

¿Qué podemos hacer?

  • Simplificar las opciones y evitar decisiones complejas.
  • Mantener rutinas estables y entornos seguros.
  • Explicar con calma, sin confrontar ni infantilizar.
  • Priorizar la seguridad sin perder de vista la dignidad de la persona.

Comprender que los problemas de razonamiento y juicio forman parte de la enfermedad ayuda a reducir la frustración y la culpa.

Mª Luisa Caro Nieto

Neuropsicología Alzheimer Tierra de Barros

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anomia

 

Uno de los síntomas que suelen llamar la atención en las personas con enfermedad de Alzheimer es la dificultad para encontrar palabras. Este fenómeno se conoce como anomia y forma parte de los trastornos del lenguaje más frecuentes en esta enfermedad.

Se trata de la incapacidad para recordar el nombre de objetos, personas o conceptos conocidos. Por ejemplo, la persona puede reconocer perfectamente un objeto y saber para qué sirve, pero no lograr decir su nombre. En lugar de “reloj”, puede decir “eso que sirve para ver la hora”, o quedarse en silencio buscando la palabra adecuada.

¿Por qué ocurre?

En el Alzheimer, las áreas del cerebro implicadas en el lenguaje y la memoria semántica (el conocimiento sobre el significado de las palabras) se van deteriorando progresivamente. Esto no significa que la persona “no sepa” las cosas, sino que el acceso a las palabras se vuelve cada vez más difícil. Al inicio de la enfermedad, la anomia suele ser leve y esporádica, pero con el tiempo puede hacerse más frecuente.

Impacto emocional y social

La anomia no solo afecta a la comunicación, sino también al bienestar emocional. Muchas personas con Alzheimer son conscientes de sus dificultades en las fases iniciales, lo que puede generar frustración, vergüenza o aislamiento social.

¿Cómo podemos ayudar?

Una comunicación empática y adaptada marca una gran diferencia.

  • Dar tiempo para que la persona encuentre la palabra, sin interrumpir ni corregir constantemente.
  • Evitar frases como “no te acuerdas de nada” y optar por un tono tranquilo y respetuoso.
  • Ofrecer pistas suaves como la primera sílaba de la palabra o reformular la pregunta si la persona se bloquea.
  • Utilizar gestos, imágenes o el contexto para facilitar la comprensión.

La anomia es un síntoma común del Alzheimer y forma parte del proceso de la enfermedad. Comprenderla nos permite acompañar mejor, reducir la frustración y fortalecer el vínculo con la persona afectada.

Mª Luisa Caro Nieto

Neuropsicología Alzheimer Tierra de Barros

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El Alzheimer es una enfermedad compleja y, debido a su naturaleza, existen varios mitos que generan confusión. Desmentir estos mitos es crucial para comprender mejor la enfermedad y mejorar la calidad de vida de los pacientes y sus familias. A continuación, abordamos algunos de los mitos más comunes sobre el Alzheimer.

 

Mito 1: El Alzheimer es parte del envejecimiento.
Aunque la edad avanzada es un factor de riesgo, el Alzheimer no es una parte normal del envejecimiento. Las personas mayores pueden tener olvidos leves, pero el Alzheimer implica un deterioro cognitivo progresivo que afecta la memoria y otras funciones del cerebro.

 

Mito 2: Solo las personas con antecedentes familiares desarrollan Alzheimer
Aunque los antecedentes familiares aumentan el riesgo, la mayoría de las personas con Alzheimer no tienen familiares cercanos con la enfermedad. Factores como el estilo de vida, la salud general y el ambiente también influyen.

 

Mito 3: Las personas con Alzheimer pierden completamente la memoria
El Alzheimer afecta la memoria, pero no siempre de manera total. Los pacientes pueden recordar eventos antiguos o realizar tareas familiares, aunque les cueste recordar detalles recientes.

 

Mito 4: No hay tratamiento para el Alzheimer
Aunque no hay cura, existen tratamientos que pueden ralentizar el progreso de la enfermedad y mejorar la calidad de vida. El diagnóstico temprano y la intervención médica son clave.

 

Mito 5: Las personas con Alzheimer no pueden comunicarse
Las personas con Alzheimer pueden tener dificultades para hablar, pero aún pueden comunicarse a través de gestos, expresiones faciales y contacto visual. La paciencia y el apoyo son esenciales.

 

Desmentir los mitos sobre el Alzheimer ayuda a crear una mayor comprensión de la enfermedad. La educación es fundamental para ofrecer el cuidado y apoyo adecuados.

 

Mª Luisa Caro Nieto

Neuropsicología Alzheimer

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dormir

El sueño es un aspecto crucial para nuestra salud mental y física, y su calidad tiene un impacto directo en nuestro bienestar.

Las personas que padecen Alzheimer experimentan cambios en el cerebro que afectan a diversas funciones cognitivas y conductuales, y el sueño no es la excepción. Algunas de las razones por las que suelen tener trastornos del sueño incluyen:

  • Alteración de los ritmos circadianos: lo que puede hacer que se duerman a horas inusuales, tengan ciclos de sueño más cortos o se despierten varias veces durante la noche.
  • Confusión nocturna y desorientación: puede provocar que se despierte en medio de la noche, se levante de la cama o incluso no reconozca su entorno, lo que agrava la falta de sueño.
  • Problemas de memoria: puede interferir con la capacidad para relajarse y descansar adecuadamente.
  • Efectos secundarios de los medicamentos: algunos fármacos pueden tener efectos secundarios que alteran el sueño, como el insomnio o el aumento de la agitación nocturna.
  • Cambios en la química cerebral: la acumulación de proteínas anormales en el cerebro (como las placas de beta-amiloide) puede interferir con los neurotransmisores responsables de regular el sueño y la vigilia, como la melatonina.

Consecuencias de esta falta de sueño

  • Aumento de la confusión y la agitación
  • Mayor riesgo de caídas y accidentes
  • Alteración en las funciones cognitivas

Estrategias para mejorar el sueño

-          Establecer una rutina diaria fija

-          Promover la actividad física durante el día

-          Reducir los estímulos antes de dormir

-          Considerar la ayuda de profesionales de la salud

-          Crear un ambiente adecuado para dormir

El sueño es una parte fundamental del bienestar de cualquier persona, y los trastornos del sueño en pacientes con Alzheimer pueden tener un impacto significativo en su calidad de vida. Aunque puede ser desafiante, hay diversas estrategias que los cuidadores y los profesionales pueden emplear para ayudar a mejorar el sueño, lo que a su vez puede mejorar su salud cognitiva, emocional y física.

 

Mª Luisa Caro Nieto.

Neuropsicología Alzheimer.

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regalos

 

Elegir un regalo para una persona con Alzheimer puede convertirse en un reto, especialmente cuando buscamos algo útil, seguro y que aporte bienestar. Sin embargo, existen obsequios que pueden estimular la memoria, favorecer la autonomía o simplemente generar confort y conexión emocional.

Regalos para personas con Alzheimer en etapa leve

En la etapa leve, la persona conserva gran parte de sus capacidades, aunque empieza a mostrar fallos de memoria, dificultad para organizarse o para aprender cosas nuevas. Los mejores regalos son los que estimulan la mente y favorecen la autonomía.

  • Agendas visuales o calendarios grandes
  • Juegos de estimulación cognitiva
  • Libros de recuerdos o álbumes familiares
  • Relojes digitales con fecha y día de la semana
  • Experiencias significativas

Regalos para personas con Alzheimer en etapa moderada

En esta etapa aparecen mayores dificultades de memoria, desorientación y cambios en la conducta. Los regalos ideales deben estimular los sentidos, ofrecer calma y promover actividades que no requieran planificación compleja.

  • Mantas o cojines sensoriales
  • Reproductores de música fáciles de usar
  • Gafas y herramientas para lectura con letra grande
  • Kits de actividades simples

Regalos para personas con Alzheimer en etapa avanzada

En la etapa avanzada, la comunicación se vuelve limitada y las capacidades funcionales disminuyen significativamente. Los mejores regalos son los que aportan confort, seguridad y estimulación sensorial suave.

  • Mantas térmicas o de peso ligero
  • Peluches con peso, sonido suave o respiración simulada
  • Aromaterapia suave (siempre con supervisión)
  • Ropa cómoda y fácil de poner
  • Música personalizada

Regalos con valor emocional: adecuados para cualquier etapa

Además de los regalos específicos por fase, existen obsequios que siempre son bien recibidos:

  • Fotografías impresas con marcos resistentes
  • Cartas o mensajes grabados en audio por familiares
  • Tiempo y compañía

Con empatía y cariño, es posible hacer de la Navidad un momento especial para todos, incluso en medio del desafío que supone la enfermedad.

Neuropsicología Alzheimer

 

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