Jueves, 19 Febrero 2026 08:50

ACOMPAÑANTE ANTES QUE CUIDADOR: UNA TRANSFORMACIÓN VITAL

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La persona acompañante es aquella que está presente desde las primeras señales de alerta, en un rol afectivo y de apoyo más que de gestión directa del cuidado. Suele tratarse de un familiar cercano (pareja, hijo, hermana/o) que notan algo raro, escucha los primeros olvidos, percibe pequeños cambios de carácter o de conducta. Este rol es clave en las fases iniciales para favorecer un diagnostico precoz, reducir la ansiedad del familiar afectado y comenzar a organizar el entorno de forma preventiva.

Sin embargo, en el transcurso de la enfermedad aparece un nuevo rol: el cuidador. La persona cuidadora aparece cuando la autonomía del familiar empieza a deteriorarse de manera significativa. Es quien asume la responsabilidad diaria del bienestar, la seguridad y el funcionamiento básico del familiar.

La relación cambia: el acompañamiento se vuelve más práctico, más vigilante y más agorador. El afecto persiste, pero ahora acompañado de organización, tareas, decisiones y, muchas veces sacrificios personales.

Esta transición no suele ser consciente, sino que se asume progresivamente. Muchas veces ocurre lentamente en silencio, entre una visita médica o una llamada de madrugada. Otras veces sucede de golpe, tras una caída, un olvido peligroso, una conducta de riesgo o un diagnostico confirmado.

Reconocer esta transición ayuda a prevenir la sobrecarga. Saber que se ha pasado de acompañar a cuidar permite buscar recursos, pedir ayuda, formarse y apoyarme en otros. Aunque el rol de cuidador se vuelva dominante, nunca debemos dejar de ser acompañantes. La persona con alzheimer y otra demencia sigue necesitando, incluso más que antes, afecto, mirada, ternura, paciencia y presencia.

 

Psicología Alzheimer.

 

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