Aunque por sí solo no constituye un tratamiento, sí representa un excelente complemento a la terapia manual, el ejercicio terapéutico y el resto de técnicas fisioterápicas. Entre sus principales efectos se encuentran la disminución del dolor, la mejora de la propiocepción, la facilitación o inhibición de la actividad muscular según el objetivo terapéutico y la ayuda en el drenaje de edemas o hematomas.
Sin embargo, para obtener todos estos beneficios es imprescindible realizar una correcta valoración del paciente y adaptar la técnica de aplicación a sus características.
En las personas mayores, y especialmente en aquellas con enfermedad de Alzheimer, existen una serie de precauciones relacionadas con la fragilidad cutánea (La disminución del colágeno, la elastina y la grasa subcutánea hace que la piel sea más fina, menos elástica y más frágil) y las dificultades para comunicar molestias que hacen necesario extremar las medidas de seguridad durante su utilización
Para reducir al mínimo las complicaciones, es aconsejable seguir una serie de medidas sencillas:
- Valorar siempre el estado de la piel antes de aplicar el vendaje.
- Utilizar tensiones bajas (10-15 %) o incluso aplicar el vendaje sin tensión cuando la fragilidad cutánea lo aconseje.
- Evitar su aplicación sobre hematomas, heridas, zonas con dermatitis o piel muy atrófica.
- Suspender el tratamiento si aparecen picor intenso, dolor, irritación o enrojecimiento mantenido.
- Retirar el vendaje lentamente, en la dirección del crecimiento del vello y humedeciéndolo previamente con aceite para disminuir la adherencia del adhesivo.
- Revisar diariamente el estado de la piel en personas con deterioro cognitivo o alteraciones de la sensibilidad.
- Informar a familiares y cuidadores sobre los signos de alarma para que puedan detectarlos precozmente cuando el paciente permanezca en casa con el vendaje.

