
A medida que el cuerpo envejece, nuestro cuerpo experimenta cambios. Las articulaciones, los músculos y los órganos internos, como el corazón, los pulmones y el cerebro, van perdiendo elasticidad, fuerza y movilidad. Además, las células que forman nuestros órganos se desgastan con el tiempo y muchas de ellas mueren, incluidas las neuronas. Por ello, es importante buscar herramientas a nuestro alcance que nos ayuden a prevenir este impacto.
Caminar es el ejercicio más natural y accesible que tenemos. Desde que damos nuestros primeros pasos hasta el final de nuestra vida, o hasta que perdemos autonomía, esta actividad forma parte de nuestro día a día.
Además, se ha demostrado que caminar es una de las actividades físicas más adecuadas a partir de cierta edad. Hacerlo a una intensidad media o baja y por terrenos sin grandes cambios de ritmo constituye una actividad de bajo impacto y con un riesgo mínimo de lesiones. Este tipo de ejercicio aeróbico resulta muy beneficioso para el sistema cardiovascular, respiratorio y locomotor.
Actualmente, para algunas dolencias, los médicos recomiendan caminar en lugar de recurrir únicamente a medicamentos. Se trata de una actividad que ayuda a consumir calorías y a quemar azúcares y grasas.
Por último, además de fortalecer el cuerpo, caminar también puede beneficiar la mente y el estado de ánimo, especialmente si se combina con ejercicios de atención y memoria, ya que contribuye a mantenerla activa y ágil. Un buen ejemplo puede ser aprovechar el paseo para conversar sobre cómo ha cambiado el barrio, realizar algún ejercicio sensorial, como identificar el olor de las flores, o proponer actividades de atención, preguntando qué comercios, animales o personas hemos visto durante el recorrido.
Rosa Ana García.
Psicología Alzheimer.