
A veces pensamos que las dificultades de una persona con Alzheimer están únicamente “en su cabeza”. Sin embargo, el entorno en el que se encuentra puede facilitar o dificultar mucho su día a día.
Un espacio con demasiado ruido, muchos objetos, poca iluminación o cambios frecuentes puede resultar confuso. Del mismo modo, una habitación sencilla, bien iluminada y organizada puede facilitar que la persona se oriente y pueda desenvolverse con mayor autonomía.
Imaginemos un baño. Si los objetos están siempre en el mismo lugar y es fácil identificar el lavabo, el inodoro y la ducha, será más sencillo utilizarlo. Si, además, evitamos demasiados estímulos y mantenemos una iluminación adecuada, estaremos poniendo menos obstáculos.
Esto no significa tener que transformar toda la casa. Muchas veces son pequeños cambios los que pueden marcar la diferencia: mantener los objetos habituales en lugares conocidos, utilizar señales sencillas, reducir el ruido o evitar cambios innecesarios.
Cuando una tarea se vuelve difícil, podemos preguntarnos no solo ¿qué le está pasando?, sino también: ¿Podemos cambiar algo del entorno para que le resulte más fácil?
Adaptar el entorno no es limitar a la persona. Es darle más oportunidades para desenvolverse por sí misma.
M.ª Luisa Caro Nieto
Neuropsicología Alzheimer Tierra de Barros