
La semana pasada hablábamos de los beneficios de realizar ejercicio en el agua, no solo para las articulaciones, sino también para la circulación. Gran parte de estos efectos se deben a una propiedad física del agua llamada presión hidrostática. Pero, ¿qué significa exactamente? Pero antes de conocer el mecanismo de acción vamos a explicar por qué se produce la hinchazón en las piernas.
El edema aparece cuando se acumula un exceso de líquido en el espacio situado entre las células, conocido como espacio intersticial. En los miembros inferiores suele estar relacionado con varios factores:
- Insuficiencia venosa, cuando las venas tienen dificultades para devolver la sangre al corazón.
- Alteraciones del sistema linfático, que reducen la capacidad de drenaje de líquidos.
- Permanecer largos periodos sentado o de pie, favoreciendo que la gravedad acumule líquidos en tobillos y piernas.
- Disminución de la movilidad, frecuente en personas mayores o con determinadas patologías.
¿Cómo ayuda el agua?
Cuando una persona se sumerge hasta la cintura o el pecho, el agua ejerce una compresión uniforme sobre los tejidos. Esta presión aumenta progresivamente con la profundidad, de modo que los pies y los tobillos reciben una presión mayor que las rodillas, y esta mayor que los muslos.
Esta presión genera una serie de efectos fisiológicos muy beneficiosos.
1. Favorece el retorno venoso
Las venas son las encargadas de transportar la sangre de vuelta al corazón y necesitan ayuda para vencer la gravedad, especialmente en las piernas.
La presión del agua favorece el vaciado de las venas superficiales, mejora el funcionamiento de las válvulas venosas y aumenta la velocidad del flujo sanguíneo hacia el corazón.
Dicho de forma sencilla, el agua ayuda a "empujar" la sangre desde las piernas hacia arriba, reduciendo la sensación de pesadez y favoreciendo una mejor circulación.
2. Facilita el drenaje linfático
El sistema linfático se encarga de recoger el exceso de líquido que se acumula entre los tejidos. La compresión hidrostática favorece que este líquido vuelva a incorporarse a los vasos linfáticos, facilitando su transporte y eliminación.
Por este motivo, muchas personas perciben una disminución de la hinchazón en tobillos y piernas después de una sesión de ejercicio acuático.
3. Reduce la formación de edema
La presión ejercida por el agua también modifica el equilibrio de fuerzas que regulan el intercambio de líquidos entre los capilares sanguíneos y los tejidos.
Este fenómeno se explica mediante la denominada ley de Starling, que describe cómo el movimiento de líquidos depende de la diferencia entre las presiones que empujan el líquido hacia fuera de los capilares y las que favorecen su reabsorción.
Al aumentar la presión externa sobre los tejidos, el agua dificulta la salida de líquido desde los capilares hacia el espacio intersticial y favorece su retorno al sistema circulatorio. Como consecuencia, se acumula menos líquido en los tejidos mientras permanecemos sumergidos.
4. Potencia la acción de la bomba muscular
Si además caminamos o realizamos ejercicios dentro del agua, los músculos de las pantorrillas actúan como una auténtica "bomba muscular".
Cada contracción de los gemelos comprime las venas profundas e impulsa la sangre hacia el corazón. Cuando esta acción muscular se combina con la compresión uniforme que ejerce el agua, ambos mecanismos se potencian mutuamente, mejorando de forma muy eficaz el retorno venoso y linfático.
Mucho más que ejercicio
Por todo ello, las actividades acuáticas constituyen una herramienta terapéutica de gran valor para personas con insuficiencia venosa, tendencia al edema, movilidad reducida o simplemente para quienes buscan una forma segura y eficaz de mantenerse activos durante los meses más calurosos.
A veces, algo tan sencillo como caminar dentro de una piscina puede convertirse en una auténtica sesión de fisioterapia para nuestras piernas.