De acuerdo con la cromoterapia, los colores ejercen influencias emocionales en las personas, permitiendo generar un estado que facilite una mejoría en los síntomas de enfermedades y restablecer los desequilibrios que producen dichos padecimientos.
Algunos colores en el ambiente ayudan a las personas a realizar actividades. Por ejemplo, los lugares en los que predominan los colores cálidos, como los naranjas o rojos, son buenos para estar activos y hacer ejercicio, mientras que los lugares en los que predominan los colores fríos, como los azules o verdes, son mejores para la concentración.
También existe una respuesta positiva en aquellas personas con dolores o depresión que fueron tratadas con terapias en las que se usaron luces brillantes de cualquier color.
Otro ejemplo es la sensación de relajación, reducción de estrés y de pánico en personas envueltas en un ambiente de luces color violeta.
La cromoterapia puede aplicarse de diversos modos, usando un color concreto en una zona determinada, proyectando el color sobre una pared o inundando una estancia del color deseado.
Nosotros en nuestra sala multisensorial utilizamos esta última opción, aprovechamos la oscuridad para resaltar y estimular a través de uno o varios colores. En post anteriores os hemos comentado como aprovechamos varios estímulos juntos para lograr una estimulación más global, de ese modo la cromoterapia no va nunca sola, sino siempre acompañada de un estimulo olfativo y visual.