
Uno de los síntomas que suelen llamar la atención en las personas con enfermedad de Alzheimer es la dificultad para encontrar palabras. Este fenómeno se conoce como anomia y forma parte de los trastornos del lenguaje más frecuentes en esta enfermedad.
Se trata de la incapacidad para recordar el nombre de objetos, personas o conceptos conocidos. Por ejemplo, la persona puede reconocer perfectamente un objeto y saber para qué sirve, pero no lograr decir su nombre. En lugar de “reloj”, puede decir “eso que sirve para ver la hora”, o quedarse en silencio buscando la palabra adecuada.
¿Por qué ocurre?
En el Alzheimer, las áreas del cerebro implicadas en el lenguaje y la memoria semántica (el conocimiento sobre el significado de las palabras) se van deteriorando progresivamente. Esto no significa que la persona “no sepa” las cosas, sino que el acceso a las palabras se vuelve cada vez más difícil. Al inicio de la enfermedad, la anomia suele ser leve y esporádica, pero con el tiempo puede hacerse más frecuente.
Impacto emocional y social
La anomia no solo afecta a la comunicación, sino también al bienestar emocional. Muchas personas con Alzheimer son conscientes de sus dificultades en las fases iniciales, lo que puede generar frustración, vergüenza o aislamiento social.
¿Cómo podemos ayudar?
Una comunicación empática y adaptada marca una gran diferencia.
- Dar tiempo para que la persona encuentre la palabra, sin interrumpir ni corregir constantemente.
- Evitar frases como “no te acuerdas de nada” y optar por un tono tranquilo y respetuoso.
- Ofrecer pistas suaves como la primera sílaba de la palabra o reformular la pregunta si la persona se bloquea.
- Utilizar gestos, imágenes o el contexto para facilitar la comprensión.
La anomia es un síntoma común del Alzheimer y forma parte del proceso de la enfermedad. Comprenderla nos permite acompañar mejor, reducir la frustración y fortalecer el vínculo con la persona afectada.
Mª Luisa Caro Nieto
Neuropsicología Alzheimer Tierra de Barros