
Continuamos con nuestro viaje por las artritis pasa hablar hoy de la espondilitis anquilosante, una artritis que afecta a un 1 % de la población mundial de manera crónica, progresiva e incurable, de origen inmunitario, asociada principalmente a la presencia del alelo HLA-B27. Se caracteriza por la inflamación crónica de los tejidos articulares, especialmente de las articulaciones sacroilíacas y de la columna vertebral, lo que puede conducir con el tiempo a procesos de degeneración, rigidez y anquilosis.
Esta patología es más frecuente en hombres que en mujeres y suele iniciarse en adultos jóvenes, generalmente entre los 20 y 30 años. Los síntomas principales incluyen dolor lumbar inflamatorio y rigidez articular, especialmente tras periodos prolongados de reposo. Como consecuencia, los pacientes presentan limitación de la movilidad, disminución del rango articular y, en fases avanzadas, deformidades estructurales de la columna vertebral. Estas deformidades pueden provocar importantes alteraciones funcionales, afectando a la postura, la marcha y la capacidad para realizar actividades de la vida diaria. En pacientes de edad avanzada, y más si son pacientes de Alzheimer, estas limitaciones pueden verse agravadas, generando problemas de movilidad y dependencia.
El diagnóstico precoz resulta fundamental para frenar la evolución de la enfermedad. La instauración temprana de un tratamiento farmacológico y fisioterapéutico permite reducir la inflamación, aliviar el dolor y prevenir o retrasar la aparición de deformidades. Es importante destacar que tanto el dolor como la rigidez empeoran con la inmovilización, siendo más intensos durante la noche y al despertar, mientras que mejoran con la actividad física.
En España, la espondilitis anquilosante afecta a más de medio millón de personas, por lo que constituye un importante problema de salud pública.
Tratamiento fisioterapéutico recomendado
El tratamiento fisioterapéutico es una pieza clave en el abordaje integral de la espondilitis anquilosante y debe mantenerse de forma continua y adaptada a cada fase de la enfermedad. Sus principales objetivos son disminuir el dolor y la rigidez, mantener la movilidad articular, prevenir deformidades y mejorar la calidad de vida del paciente.
¿Qué podemos hacer?
En conclusión, una vida activa, acompañada de un programa fisioterapéutico individualizado, es fundamental para reducir los efectos de la espondilitis anquilosante, frenar su progresión y favorecer la autonomía funcional del paciente a largo plazo.
Fisioterapia Alzheimer