
El rechazo a la comida es una situación frecuente en las personas con demencia y suele generar mucha preocupación en las familias. Sin embargo, en la mayoría de los casos no se trata de que la persona "no quiera comer", sino de que la enfermedad dificulta el proceso de alimentación.
A medida que la demencia avanza, pueden aparecer alteraciones que interfieren en la comida. La persona puede no reconocer los alimentos o los cubiertos, olvidar para qué sirven, perder el apetito, tener dificultades para iniciar el acto de comer (apraxia), cansarse con facilidad o presentar cambios en la percepción de los sabores y los olores. En ocasiones también puede existir dolor, estreñimiento, problemas dentales o dificultad para tragar (disfagia), situaciones que requieren valoración por un profesional sanitario.
¿Qué puedes hacer?
1. Empieza por sus alimentos favoritos
No es necesario seguir el orden tradicional de las comidas. Si rechaza el primer plato, prueba a ofrecer primero aquello que más le guste, incluso si se trata del postre. Lo importante es conseguir que inicie la ingesta. Una vez haya empezado, puedes alternar con otros alimentos más nutritivos.
2. Crea un ambiente tranquilo
El entorno influye mucho en la alimentación.
Háblale con calma, utiliza frases cortas y sencillas y explícale qué vais a hacer. Sonríe, establece contacto visual y acompaña las palabras con gestos que faciliten la comprensión.
3. Facilita el inicio de la acción
Algunas personas saben comer, pero tienen dificultad para iniciar el movimiento. Puedes sentarte a su lado, mostrarle cómo hacerlo o guiar suavemente su mano para ayudarle a comenzar. En muchas ocasiones, una vez iniciada la acción (modelado), la persona continúa comiendo de forma autónoma.
4. Simplifica la comida
Demasiados estímulos pueden resultar confusos.
5. Respeta su ritmo
Las personas con demencia suelen necesitar más tiempo para comer. No las apresures ni insistas continuamente. Dale tiempo para masticar y tragar antes de ofrecer el siguiente bocado.
Y, por último, no te olvides de la importación de la hidratación. Ofrecer líquidos varias veces al día y en pequeñas cantidades. Si rechaza el agua, puedes alternarla con infusiones suaves, leche, caldos, gelatinas, frutas ricas en agua o bebidas que le resulten agradables, siempre que no exista una contraindicación médica.
Nutrición Alzheimer. Psicología Alzheimer.
Rosa Ana García.