
Siempre os hablamos de la importancia del ejercicio físico en la lucha contra el Alzheimer y de lo fundamental que es para mantener a raya el deterioro físico.
Pero… ¿y si os dijéramos que el ejercicio no solo nos ayuda cuando la enfermedad ya está presente, sino que también puede ser un gran aliado para prevenirla o retrasar su aparición?
Para entender por qué, primero tenemos que hablar de los factores de riesgo del Alzheimer.
Algunos de ellos no podemos modificarlos, como la edad o la genética. Pero otros sí están en nuestras manos. Entre ellos encontramos la hipertensión arterial, la diabetes, el colesterol elevado, el tabaquismo, la obesidad y una mala calidad del sueño.
Y aquí está la clave: muchos de estos factores están estrechamente relacionados con nuestro estilo de vida y nuestra salud cardiovascular, porque lo que es bueno para nuestro corazón también lo es para nuestro cerebro.
Cuando hacemos ejercicio de forma regular, ayudamos a mantener una buena salud cardiovascular, controlamos mejor la tensión arterial, favorecemos un peso saludable y mejoramos el metabolismo. Y todo ello contribuye a crear un entorno más favorable para que nuestro cerebro se mantenga sano durante más tiempo.
Por eso, cuando hablamos de prevención del Alzheimer, movernos también es una forma de cuidar nuestro cerebro.
Aquí siempre decimos: «Quien mueve las piernas, mueve el corazón».
Y si un corazón sano ayuda a mantener un cerebro sano…
por esa regla de tres, quien mueve las piernas, aleja el olvido.
Así que no hace falta convertirse en un atleta, realizar ejercicio aeróbico al menos 30 minutos, como caminar, bailar, nadar, montar en bicicleta o simplemente mantenerse activos cada día puede marcar la diferencia.
Porque cada paso que damos no solo fortalece nuestras piernas, también puede ser un paso para cuidar nuestro cerebro.
Fisioterapia Alzheimer