
Os explicábamos la semana pasada lo importante que es el movimiento en enfermos de Alzheimer, pero no solo en ellos, también es una herramienta terapéutica para nosotros, sobre todo para controlar el estrés. El estrés no afecta únicamente a nuestras emociones; también deja una huella profunda en el cuerpo.
Cuando vivimos situaciones de tensión mantenida, el organismo eleva los niveles de cortisol, adrenalina y noradrenalina, entra en modo supervivencia: los músculos se preparan para defenderse, la respiración se acelera, aumenta la tensión corporal y el sistema nervioso permanece en alerta constante. Todo esto se traduce en un aumento del tono muscular provocando contracturas.
Es frecuente notar:
El movimiento mejora la circulación sanguínea, aumenta la elasticidad muscular y la movilidad articular ayudando a la oxigenación de tejidos
Pero no hablamos necesariamente de deporte intenso.
A veces, el tratamiento empieza con algo tan sencillo como:
Porque moverse no es solo activar músculos, moverse es darle al cuerpo una oportunidad para regularse, descargar tensión y recuperar equilibrio.
Al movernos, el cerebro produce sustancias que actúan como “reguladores naturales del ánimo”:
Desde la fisioterapia lo vemos cada día, cuando el cuerpo recupera movimiento, muchas veces también recupera calma, autonomía y bienestar.
Fisioterapia Alzheimer.