
La anquilosis es una alteración médica en la que una articulación pierde parte o toda su movilidad. Esto ocurre porque los tejidos que permiten el movimiento se ven afectados, ya sea por cambios en el hueso, en los tejidos blandos o incluso por alteraciones neuromusculares. En personas de edad avanzada nos encontramos muchas veces con esta falta de movilidad, sobre todo en aquellas que pasan mucho tiempo encamados o sentados en la misma posición.
En algunos casos, los huesos que forman la articulación llegan a unirse entre sí, lo que se conoce como anquilosis verdadera. En otros, no hay fusión ósea, pero sí aparecen cicatrices, adherencias o rigidez en los tejidos que rodean la articulación, dificultando el movimiento; esto se denomina anquilosis fibrosa o falsa.
Puede afectar a una sola articulación o a varias, y suele desarrollarse como consecuencia de enfermedades inflamatorias, lesiones, infecciones o periodos prolongados de inmovilización.
Según su naturaleza podemos distinguir entre:
Si nos fijamos en la causa que la origina, la clasificamos en:
Aunque puede aparecer en cualquier articulación, es más habitual en:
¿Cómo podemos saber si estamos ante una anquilosis?
Los signos pueden variar según la zona afectada, pero el más común es el dolor articular, sobre todo en casos inflamatorios, acompañado con una disminución progresiva de la movilidad y deformidad en etapas avanzadas.
La mejor forma de tratar la anquilosis es, en realidad, prevenirla. Si impedimos que la rigidez aparezca, evitamos tener que tratarla más adelante. Por eso, la fisioterapia es clave, algo que veremos con más detalle la próxima semana.
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