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Viernes, 26 Junio 2026 13:56

¿QUÉ ES LA DISESTESIA?

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La disestesia es una alteración de la sensibilidad que provoca que determinadas sensaciones se perciban de forma anormal, desagradable o incluso dolorosa. En otras palabras, el cerebro interpreta de manera incorrecta los estímulos que recibe a través de los nervios.

Las personas que la padecen suelen describir sensaciones como quemazón, pinchazos, hormigueo, picor intenso o dolor, incluso cuando no existe una lesión visible o cuando el estímulo que reciben es muy leve. Por ejemplo, el simple roce de una prenda de ropa o el contacto con una sábana puede resultar molesto o doloroso.

La disestesia puede aparecer en distintas partes del cuerpo, como las piernas, los brazos, el rostro o el cuero cabelludo, y suele estar relacionada con alteraciones del sistema nervioso.

Disestesia y parestesia: ¿en qué se diferencian?

Aunque ambos términos hacen referencia a alteraciones de la sensibilidad, no significan exactamente lo mismo.

  • Parestesia: se refiere a sensaciones anormales como hormigueo, adormecimiento o "acorchamiento", que generalmente no resultan dolorosas. Es la típica sensación que aparece cuando una extremidad "se duerme".
  • Disestesia: además de ser una sensación anormal, resulta desagradable o dolorosa. Puede aparecer ante estímulos normales o incluso sin que exista ningún estímulo externo.

¿Por qué aparece la disestesia?

La causa más frecuente es una alteración en el funcionamiento de los nervios o de las áreas cerebrales encargadas de procesar la sensibilidad.

Entre las causas más habituales encontramos:

  • Neuropatías periféricas: producidas por enfermedades como la diabetes, el alcoholismo o determinadas deficiencias vitamínicas.
  • Estrés y ansiedad: pueden aumentar la sensibilidad corporal y favorecer la aparición de sensaciones desagradables, especialmente en el cuero cabelludo, la cara o las extremidades.
  • Lesiones nerviosas: tras traumatismos, intervenciones quirúrgicas o compresiones nerviosas.
  • Infecciones: como el herpes zóster, que puede dejar dolor o quemazón persistente.
  • Esclerosis múltiple: una enfermedad que afecta a la mielina, la capa protectora de los nervios, y que con frecuencia provoca alteraciones sensitivas.
  • Accidentes cerebrovasculares y otras enfermedades neurológicas: que alteran la forma en que el cerebro procesa la información sensorial.

En fases avanzadas del alzhéimer, algunas personas pueden mostrar molestias físicas difíciles de explicar o describir, ya que la enfermedad afecta a la comunicación y a la capacidad para expresar lo que sienten. Además, es frecuente que los pacientes de edad avanzada presenten otras enfermedades neurológicas o problemas de sensibilidad que sí pueden favorecer la aparición de disestesias.

Por este motivo, cuando una persona con alzhéimer manifiesta dolor, incomodidad o sensaciones extrañas, es importante realizar una valoración médica completa para identificar la causa y ofrecer el tratamiento más adecuado.

Síntomas de la disestesia

La intensidad y la forma en que se manifiesta pueden variar mucho de una persona a otra. Los síntomas más frecuentes son:

  • Sensación de quemazón o calor intenso.
  • Hormigueo persistente.
  • Picor sin una causa aparente.
  • Pinchazos o sensación de corriente eléctrica.
  • Dolor provocado por estímulos que normalmente no deberían resultar dolorosos, como el roce de la ropa o una caricia.
  • Molestias localizadas en el cuero cabelludo, la cara, las piernas, los brazos o cualquier otra zona del cuerpo.

Tratamiento de la disestesia

El tratamiento dependerá de la causa que la esté provocando. Por ello, el primer paso siempre será identificar el origen del problema.

Las opciones terapéuticas pueden incluir:

  • Medicamentos para el dolor neuropático, como la gabapentina o la pregabalina.
  • Terapias de rehabilitación y fisioterapia, que ayudan a mejorar la función nerviosa y reducir las molestias.
  • Control del estrés y la ansiedad, mediante técnicas de relajación, terapia psicológica, mindfulness o ejercicio físico.
  • Tratamiento de la enfermedad de base, como la diabetes, la esclerosis múltiple o determinadas deficiencias nutricionales.

Aunque la disestesia no suele representar una urgencia médica, sí es una señal de que el sistema nervioso puede no estar funcionando correctamente. Si las sensaciones son persistentes, empeoran con el tiempo o interfieren con la calidad de vida, es recomendable consultar con un profesional sanitario para identificar la causa y establecer el tratamiento más adecuado.

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